Pequeñas Historias y demás
Cada dia una nueva historia

Mar
05

 

Jeff miraba impresionado el regalo que le acaba de hacer su esposa. Nunca hubiera esperado que Marjorie le regalara el que siempre había sido el coche de sus sueños (un Impala) y menos en el día de su aniversario. Ya llevaban doce años casados y desde el primer aniversario de su boda siempre habían tenido el mismo ritual para celebrarlo: el día empezaba cuando ambos llamaban a sus respectivos trabajos diciendo que ese día estaban enfermos, para así poder pasar el día juntos; caminaban por central park, iban a una pequeña librería en el SOHO, donde cada uno le compraba un libro al otro; iban a comer a un pequeño restaurante italiano y luego alquilaban una suite en el Hotel Plaza donde daban rienda a sus deseos más oscuros. Desde hacía algunos años Jeff y Marjorie habían decidido que en esas jornadas de lujuria en el Plaza se podían pedir el uno al otro que realizaran sus fantasías sexuales más perversas, el otro aceptaría y nunca más volverían a hablar de ello. Allí había sido donde Marjorie se había disfrazado de colegiala con falda a cuadros; o donde Jeff se había dejado azotar con un látigo de cuero. Este año Jeff tenía preparado una vestimenta de monja para su esposa que implicaba entre otras cosas un capirote. Pero aún faltaban algunas horas para hablar del capirote. Acababan de volver de la librería, y al llegar a su calle Jeff vio un Impala del 67, como el que siempre había querido conducir cuando iba al instituto, con un enorme lazo rojo. Había sido aparcado en la puerta de su casa y al ver la reacción de su marido, Marjorie no había podido resistirse más y le había dado las llaves. Jeff no se lo podía creer. Se pasó la siguiente hora sentado al volante dando vueltas a la manzana mientras no podía dejar de agradecer a su esposa el regalo sorpresa que ésta le había dado. El siguiente paso de su ritual era la comida en el italiano; pero antes de eso Jeff quiso estrenar el Impala por dentro, teniendo sexo en él; y pese a que eso le supuso una rampa en una de sus piernas, Jeff no podía estar más contento. Adoraba a su mujer desde hacía mucho tiempo y esa muestra de amor por parte de ella lo había dejado sin palabras. De camino al italiano Jeff y Marjorie fueron cogidos de la mano por la calle y al llegar al mismo, donde les habían reservado su mesa de siempre, Jeff apartó la silla de la mesa y ayudó a su esposa a sentarse; se sentía todo un caballero.

Marjorie pidió lo mismo que pedía cada año; ñoquis rellenos de carne de jabalí con salsa de nueces (aunque el nombre que le daban en ese restaurante era uno mucho más pedante; nouvelle coisine y eso…) mientras que Jeff pidió lasaña rellena de foie de pato y gambas (una especie de lasaña de mar y montaña). La comida iba muy bien; por primera vez en bastante tiempo volvió a salir el tema de los hijos, y por primera vez Jeff no se estresó e intentó cambiar de tema. No era nada habitual. Marjorie se disculpó para ir al baño y su marido siguió con la mirada el recorrido de ésta hasta el servicio con una sonrisa de orgullo en su cara. No solo la quería; si no que era con diferencia la mujer más bonita del local. Jeff bebió un poco de agua mientras miraba a una pareja con hijos que había a un par de mesas de él. Sonó el móvil de Marjorie, era un mensaje, Jeff sin pararse a pensar en lo que hacía, y como si fuera un acto reflejo, lo cogió y lo leyó. El mensaje decía: “Espero que a tu marido le haya gustado el Impala; ¿te parece bien si quedamos mañana? Trae la lencería que te compré”. El mensaje era de parte de un tal Lewis. Lewis… Lewis… de donde le sonaba ese nombre, era alguien que conocía. Jeff no podía dejar de pensar a quien conocía que se llamara así. Y de repente se acordó. Lewis era un tipo que trabajaba en la empresa de Marjorie, un tipo del que su mujer siempre había hablado despectivamente, un tipo al que habían estado a punto de echar del trabajo varias veces, una de ellas por acoso sexual  y otra por que lo acusaron de que era un cleptómano y robaba cosas de sus compañeros de oficina. Un tipo despreciable que tenía un Impala del 67. En ese momento Jeff se planteó si quizás su nuevo regalo había sido antes propiedad de Lewis. No solo se había estado follando a su mujer si no que había mancillado el otro objeto más preciado para él. En ese momento Marjorie volvió a sentarse a la mesa. Pasó por detrás de Jeff antes de llegar a la misma le abrazó desde atrás y le dio un beso en la mejilla. Jeff seguía petrificado y esperó a que su esposa se sentara a la mesa antes de preguntarle. No dijo nada, simplemente le alargó el móvil para que ella viera el mensaje; no hizo falta nada más. Al leer el mensaje, cambió la expresión de la cara de su esposa; pasó de una genuina sonrisa a una terrible mueca, una cara de pena e incluso de vergüenza y antes de que ella pudiera decir nada Jeff se levantó y se fue de allí. No quería verla nunca más. La dama que había sido hasta hacía cinco minutos la reina de su corazón, por la que sentía una total devoción, acababa de convertirse en la duquesa del infierno en el mundo de Jeff. Empezó a caminar sin un rumbo fijo mientras intentaba entender como había podido pasar todo aquello; no comprendía como su esposa había podido hacer aquello, y aunque quizá no estuvieran pasando por su mejor momento, aquella traición (Impala incluido) le parecía desmesurada. Jeff llegó caminando hasta su casa, y vio de nuevo el Impala. Por un momento pensó en destrozarlo para canalizar así su rabia, pero realmente el coche no tenía ninguna culpa de nada. Entró en casa, cogió una bufanda y siguió su camino. Hizo algo que había hecho algún tiempo atrás; ir a la sala de recién nacidos del hospital más cercano y quedarse mirando a esos pequeños mientras dormían. Por extraño que parezca; allí Jeff podía pensar con más claridad. Estuvo pensando en como conoció a Marjorie, y como fue ella quien se acercó para hablar con él. También estuvo pensando como le pidió la mano ya hace algunos años; fue en el mismo restaurante italiano en el que hoy todo había acabado, y también rememoró lo nervioso que estaba ese día. Había nuevos padres mirando a los recién nacidos, señalando cual era el suyo a sus parientes más cercanos. Jeff también pensó como él tampoco había sido siempre un santo, como durante los dos primeros años de casados tuvo un problema con el juego; incluido aquel verano que no pudieron irse a los Hamptons por que Jeff perdió todo el dinero del depósito después que Michael Jordan metiera el tiro decisivo en el sexto partido de las finales contra los Jazz. Como su esposa nunca se quejó por ese error que les costó estar durante un caluroso verano en la ciudad y como ésta le ayudó a dejarlo. Después de un par de horas allí, Jeff se levantó y se fue, todavía sin un rumbo fijo. Su móvil no dejaba de recibir llamadas de Marjorie, que quería hablar con su esposo el día de su duodécimo aniversario. Jeff no respondió a ninguna de esas llamadas y siguió caminando ensimismado. Caminando caminando acabó sin darse cuenta en el parque, donde unas cuantas horas antes había estado con su mujer. Las circunstancias habían cambiado mucho en esas pocas horas pero el lugar era el mismo. Vio a una pareja sentada en la hierba ella con la cabeza apoyada en el estómago de él, mientras éste le acariciaba el pelo y ambos miraban hacia el cielo. Un tiempo atrás el también había pasado horas en situaciones similares con Marjorie, compartiendo las horas y el silencio el uno con el otro. Y hoy se había vuelto a sentir así durante gran parte de la velada, hasta el fatídico incidente del móvil. Y quería seguir sintiéndose así. Jeff dio media vuelta y se dirigió hacia el hotel Plaza. Aún tenían la habitación reservada durante unas horas, pensó que todo lo que había descubierto en las últimas horas; como su mujer le engañaba, podría ser desplazado hacía las horas del Plaza y no volver a hablar jamás de ello, como hacían con las diabluras que acometían en esa habitación. Quizá el vestido de monja y el capirote aún podían ser útiles. Jeff se fue directo al hotel, dispuesto a esperarla allí; confiaba en que ella realizaría el mismo acto, ya que formaba parte de su ritual anual. Entró al hall del hotel y pidió la llave de su habitación. El recepcionista le comunicó que no le podía dar la llave, ya que la tenía su esposa; que se encontraba en la habitación. Jeff cogió el ascensor más cercano marcó el séptimo piso y esperó ansioso a que éste ascendiera todos esos pisos. Al llegar al piso en cuestión y justo cuando empezaban a abrirse las puertas metálicas Jeff salió disparado camino de la habitación 731. En su cara había una enorme sonrisa y corría a una velocidad que le recordó por que debía dejar el tabaco y volver a ponerse en forma. Llegó a la puerta y empezó a picar a la puerta enérgicamente. Estaba sin aliento y cerca de desfallecer pero no le importaba. Marjorie abrió la puerta y al ver que era su marido se alegró enormemente. Antes de que ninguno de los dos pudiese decir nada se abrazaron. Un abrazo que duró varios segundos y en los que ambos estuvieron en silencio, solo se oía la respiración entrecortada de Jeff que poco a poco se parecía cada vez más a su respiración normal. Aquel momento se pareció a los silencios que habían compartido años antes, y Jeff se dio cuenta de que se las arreglarían.

Dic
18

 

Teléfono rojo: 1. m. Conjunto de aparatos e hilos conductores, de color rojo,  con los cuales se transmite a distancia la palabra y toda clase de sonidos por la acción de la electricidad.

 

2. m. Aparato rojo para hablar según ese sistema.

 

3. m. Dice ser de teléfono al que llamar cuando se busca una relación sexual sin compromiso con alguien con quien ya se ha tenido sexo anteriormente; y donde ambos saben que es solo sexo casual.

 

 

Pablo había crecido viendo las series y películas de los 70. Su serie preferida siempre fue el Batman protagonizado por Adam West (el de POW, PING y demás). Lo que siempre le encantó de aquella serie fue el teléfono rojo con el que se comunicaban Batman y el comisario. Estaba guardado dentro de una pecera y por si esto no fuera poco, se iluminaba cuando había una llamada entrante. Desde pequeño Pablo siempre había soñado que cuando fuera mayor en su casa tendría un teléfono rojo y si pudiera parpadear cuando llamaban, mejor que mejor.

Pero en los últimos seis meses, el teléfono rojo había adquirido todo un nuevo significado. Desde que tenía el número de Irene, el teléfono rojo era otra cosa; ni mejor ni peor, diferente. Actualmente para Pablo, un teléfono rojo era un teléfono al que llamar cuando tenía ganas de sexo. Pablo empezó teniendo solo un teléfono rojo; pero últimamente y a través de salir bastante y tener suerte con las mujeres, había adquirido algunos más. Algunos decían que Pablo tenía un harén, nada más lejos de la verdad, todas sabían que eran teléfonos rojos de la misma manera que para ellas lo era Pablo. De hecho, Pablo descubrió el mundo del teléfono rojo debido a Irene. Ambos se habían liado una noche y por la mañana se dieron los móviles, lo que a él le pareció más una formalidad que otra cosa. Al cabo de un par de semanas, Irene lo llamó preguntándole si se quería pasar por su casa a tomar algo. Esa fue la primera llamada de teléfono rojo que Pablo recibió. Y desde entonces cada vez que dormía con una chica le pedía su número, esperando que quizá pudiera ser un nuevo teléfono rojo. No todas la mujeres lo querían ser; algunas de ellas incluso se avergonzaban de haberse ido a la cama con alguien que acababan de conocer; mucho menos para ser teléfono rojo. Aún así, con una cierta dedicación Pablo consiguió unos cuantos teléfonos rojos. Curiosamente estas mujeres estaban esparcidas por toda la ciudad condal, así que más de una vez, Pablo había decidido a quien llamar, (en pleno momento alcohólico y con ganas de marcha) simplemente por el lugar de la ciudad donde se encontraba. Si estaba por el Raval, la mejor opción era llamar a Julia, que vivía a cinco minutos del Apolo. Si estaba por Gracia, su mejor opción era Laura, que vivía en Escorial. Una de las razones por las que Pablo no quería ir a beber a casa de un colega que vivía en Sarriá era por que por allí no tenía ningún teléfono rojo.

Cada uno de los teléfonos rojos tenía sus peculiaridades; Julia siempre hacía unos sándwiches de jamón y queso que llevaba a la cama cuando habían acabado y mientras Pablo se fumaba su cigarrillo; María siempre le esperaba con obscena y maravillosamente poca ropa; Irene tenía un gato con el que Pablo había hecho buenas migas; a Laura le gustaba hacerlo con música de la Velvet Underground puesta; Eli siempre lo echaba muy pronto por las mañanas, antes de que se despertaran sus compañeras de piso…

Normalmente, Pablo usaba sus teléfonos rojos en fin de semana, y además acostumbraba a llamar o enviar un mensaje ya bien entrada la noche, hacia las dos-tres y bastante bebido. Ésta fórmula de teléfonos rojos funcionó bastante bien para Pablo durante unos meses, quedaba con las chicas, tomaban algo, hacían unas bromas y luego se iban a la habitación. Por la mañana desayunaban un poco y se despedían hasta que uno de los dos decidía hacer la siguiente llamada.

Aunque no lo parezca, llevar una vida de teléfonos rojos no era tan fácil como pudiera parecer, entraban en juego muchos temas de equilibrio y casi me atrevería a decir que política. No podía quedar con la misma chica varias veces en un mes por que eso podía complicar las cosas, pero tampoco se podía olvidar de ninguna, ya que si la llamaba después de varios meses, era probable que ésta ya no estuviera interesada.

No era fácil encontrar nuevos teléfonos rojos y a veces tampoco era fácil mantenerlos. Pablo había tenido que acabar con uno de sus teléfonos rojos, Miriam, ya que ésta se había vuelto demasiado cariñosa. Por desgracia para ella, Pablo no estaba interesado en ella de un modo tan profundo. A su vez, Irene había dejado de ser un teléfono rojo, ya que había conocido a un hombre maravilloso con el quería tener una relación en exclusiva.

El mundo del teléfono rojo de Pablo cambió cuando conoció a Lucía; ésta era una chica muy atractiva que vivía a tres manzanas de donde vivía Pablo, estaba encantada con el tratado teléfono rojo (o TTR) y además tenía un apetito sexual voraz. El hecho de que viviera tan cerca provocó que Lucía y Pablo se vieran mucho, entre dos y tres veces semanalmente. Si Pablo iba al súper a comprar, de vuelta a su casa pasaba por la de Lucía y picaba al timbre a ver si ésta estaba. Cuando Lucía necesitaba sal, no iba al vecino de al lado, si no a casa de Pablo a buscarla. Cuando uno hacía una perdida con el móvil al otro, no significaba una contestación a un mensaje anterior o un “llámame”, ni tan siquiera un “no tengo saldo”; para ellos significaba un “voy para allí”.  Más que un teléfono rojo, lo que hacían Pablo y Lucía era ser amigos que se benefician el uno al otro. Eso sí, si alguno de los dos quería tener un afer con otra persona no había ningún problema.

Se veían mucho, y esto hizo que Pablo dejara de llamar al resto de sus teléfonos rojos; “¿por que irse al Eixample cuando puedo ir a tres manzanas de aquí?” pensaba. Y pese a que Lucía no hacía sándwiches, ni tenía un gato, a Pablo no le fue muy difícil dejar de compartir ese tiempo con esas otras chicas, no las echaba de menos y visto que ellas tampoco llamaban, parecía un sentimiento mutuo. Sólo había una cosa que molestaba a Pablo de todo ese asunto y era Laura. Después de un mes y medio quedando con Lucía, los otros teléfonos rojos ya eran solo un bonito recuerdo; Pablo hasta había borrado sus números de teléfono del móvil (habiéndolos apuntado antes en un papel, por que nunca se sabe), todos menos el de Laura. No sabía por que, pero le costaba más desprenderse de Laura que del resto de chicas, así que decidió llamarla y quedar con ella para averiguar de qué iba todo eso. El viernes por la noche, quedó con unos amigos para tomar unas cervezas por Gracia y hacia la una le envió un mensaje diciéndole que estaba por allí y que si ella quería, quizás se podría pasar por su casa. No mucho rato después, Laura contestó y le dijo que fuera para allí en media hora. Al llegar a su casa todo fue como siempre, una copa, unas risas y después se fueron a la habitación de Laura. Por la mañana Pablo se despertó y se encontró solo en la habitación. Se puso los calzoncillos y los calcetines, ya que hacía frío, y se fue a buscar a Laura por el resto del pequeño piso en el que ésta vivía. La encontró en la cocina pelando patatas para hacer un estofado. Pablo se apoyó a la pared y le preguntó a Laura si le estaba haciendo la comida, ésta sin dejar de pelar patatas se rió y con un tono burlesco y sarcástico le dijo que por supuesto. Él sonrió y al verla allí, sin que ella le prestara atención se dio cuenta de por qué no había podido borrar su número, Laura no era un teléfono rojo como los demás; era especial; y Pablo quería algo más especial con ella que simplemente tener sexo de vez en cuando. La pregunta era: ¿sería capaz de conseguir ser algo más para ella que un simple teléfono rojo?

Dic
11

Finalment tot estava preparat per l’atracament al furgó. En Miquel i en Bernat portaven varis mesos seguint l’itinerari que feia el furgó, per on passava i a quina hora passava, buscant quin seria el millor punt on fer-lo parar per assaltar-lo. L’Albert s’ocupava d’aconseguir les armes per si els conductors decidien fer-se els herois i en Martí portava la furgoneta en que carregarien el botí i amb la que fugirien d’allà. Tenien un contatce dins l’empresa dels furgons que els va proporcionar uniformes per fer-se passar per empleats i poder entrar a l’empresa a investigar a quin furgó hi hauria més material i quan era millor atracar-lo, si al inici de la seva ronda o al final. Aquests quatre amics portaven ja més de tres mesos preparant aquest atac que els reportaria el que ells consideraven uns guanys indescriptibles i meravellosos. Després de tot l’estudi i els preparatius per fi ja tenien el pla  ben perfilat:

Pararien el furgó poc abans d’arribar a Torrent de l’Olla, en un carrer estre d’un sol sentit anomenat Nil Fabra. La furgoneta del Martí aniria just radere seu. Posarien un contenidor enmig del carrer poc abans que arribés el furgó i això provocaria que aquest s’hagués d’aturar. Un cop parat, mentre l’Albert (amb una màscara del Bender de Futurama) amenaçava als conductors amb l’arma i els lligava les mans; en Bernat i en Miquel ho carregarien tot a la furgoneta de’n Martí. I quan ja tinguèssin el botí tots quatre marxarien per un dels carrers més propers, camí de casa. Era un pla perfecte que a tots els reportava beneficis inimaginables.

Eren les set de la tarda i era el moment en que començava el pla, van sincronitzar els rellotges i cada un va anar a fer la seva part del pla:

19:32 – Martí agafa la furgoneta del parking i comença a anar cap a Gràcia, surt abans que la resta conscient que a Gràcia el tràfic pot ser infernal.

20:11 – El furgó surt de l’empresa, en Miquel el segueix amb una moto.

20:13 – L’Albert ja està a Nil Fabra al costat del contenidor, com encara li queda temps, decideix anar al bar del costat a fer una birra per que al carrer fa fred.

20:19 – En Bernat surt de casa amb l’uniforme verd de l’empresa del furgó i agafa la linia 3 de metro per arribar al lloc de l’atracament.

20:21 – El Martí està a Via Augusta esperant que el semàfor es posi en verd, comença a estar preocupat per l’hora.

20:24 – L’Albert s’ha acabat la seva primera cervesa i demana un altra al cambrer, anoment-lo “jefe” i assenyal·lant la seva ampolla buida.

20:27 – En Bernat està a la parada de Penitents, en breu arribarà.

20:32 – El furgó i en Miquel estan passant per davant de la Sagrada Família camí de Gràcia.

20:33 – En Bernat arriba al punt de trobada (també conegut com el lloc del contenidor), no troba ningú i veu a l’Albert al bar de la cantonada, seu amb ell i es demana una cervesa i un “chupito” de whisky, ja que està nerviós. L’Albert aprofita per demanar la tercera.

20:42 – El Martí ja ha arribat al punt en el que ha d’esperar que passi el furgó per posar-se just a radere seu.

20:46 – En Miquel envia un missatge a tots informant que en menys de cinc minuts arribaran al punt on s’escometrà el robatori.

20:46 – El Martí rep el missatge es corda el cinturó i es prepara per l’acció.

20:46 – En Bernat i l’Albert reben el missatge alhora, deixen de parlar de les noies amb les que han quedat el cap de setmana, paguen i es disposen a les seves respectives posicions per l’atracament.

20:50 – El furgó passa per davant de la posició del Martí i aquest es fica radere seu i el segueix. El Miquel l’avança amb la moto camí de la seva posició.

20:52 – El furgó està apunt d’arribar al lloc clau.

20:53 – L’Albert es posa la mascara de’n Bender i posa el contenidor enmig del pas.

20:54 – El furgó para just davant del contenidor, ja que no pot passar, abans que baixin reben un cop de radere, és la furgoneta del Martí.

20:55 – L’Albert obre la porta del conductor i apunta de pistola els obliga a lligar-se les mans. Mentrestant, en Bernat i en Miquel comencen a passar les caixes de cervesa del furgó a la seva furgoneta.

20:56 – Els conductors de la camioneta de Heineken ja han sigut immovilitzats.

20:58 – Les dues últimes caixes de cervesa estan ja a la furgoneta. L’Albert tanca als conductors dintre del furgó de cervesa.

21:01 – La furgoneta del Martí marxa, amb tothom a bord i amb un gran carregament de cerveses.

21:14 – La furgoneta està parada en un semàfor, l’Albert agafa una cervesa del botí i l’obre amb l’obrellaunes que sempre porta com a clauer.

21:23 – Tots els ocupants de la furgoneta porten una cervesa a la mà, inclòs el Martí, que l’aguanta entre les cames mentre condueix.

21:34 – La policia els para per un control rutinari d’alcoholèmia camí de Sarrià. En Martí bufa i no arriba a 0,2. Segueixen el seu trajecte.

21:41 – La furgoneta arriba al seu destí final; el pis del Miquel i el Bernat a Vallvidrera. Aparquen al parking i comencen a pujar les caixes de cervesa amb l’ascensor.

21:46 – Una senyora gran es queixa de que l’ascensor es vell i que si el carreguen tant el trencaran. Treuen les caixes i la senyora baixa amb l’ascensor.

21:52 – Pujen la última caixa al ascensor.

21:54 – Obren una ampolla cada un i brinden. L’atracament a sortit bé i ara tindran cerveses Heineken durant mesos.

22:47 – L’Albert es queixa de que la cervesa comença a estar calenta.

01:06 – Tots van molt beguts, s’han begut més cervesa de la que es creien capaços i han decidit que és el moment de anar a fer un Apolo dimecres.

 

Dic
02

Després de més de deu anys per fi el Barça havia guanyat la Champions. La majoria de nosaltres era molt jove llavors (el suficient per estar molt més interessats en els partits d’Oliver i Benji que en els del Dream Team) així que aquesta victòria ens creava una felicitat mai abans viscuda. Jo estava a casa d’un colega, feia estona que la cervesa i els nervis dominaven la situació i quan per fi van xiular el final tots vam esclatar d’alegria. Ens vam posar a saltar i a abraçar-nos, la bogeria estava presa de nosaltres, fins al punt que vam posar-nos tots a saltar al llit, que es va desmuntar, pres del pes de cinc adults i de la felicitat del moment. Vam decidir anar a Canaletes a celebrar-ho. Era un acte de pur barcelonisme que cap de nosaltres havia fet fins llavors. El partit l’havíem vist a Muntaner, i vam decidir baixar per aquell carrer camí de Les Rambles. Erem cinc amics saltant pel carrer, amb bufandes del barça i cervesa. Alguns diran que estàvem fent “botellón”, s’equivoquen, només portàvem cervesa del punt A al punt B tastant-la cada X metres per assegurar-nos que seguia sent cervesa. Als carrers la bogeria blaugrana estava per tot arreu. Els cotxes feien sonar les seves bocines un i altre cop, la gent que anava de paquet a les motos onejava banderes, hi havia cotxes amb gent que treia pràcticament la meitat del seu cos mentre mostraven una bufanda. En cada semàfor en vermell tots els cotxes i motos es dedicaven a fer soroll mentre esperaven, tothom era blaugrana. Va arribar un punt que els vianants ens posàvem a saltar entre les motos quan el semàfor estava en vermell i alguns dels de les motos bevien un glop de la nostra cervesa. El camí era divertit, tothom que estava al carrer ho estava celebrant, així que era fàcil fer nous amics amb qui corejar algun càntic o posar-se a saltar mentre esperàvem que el semàfor es posés verd i poguéssim seguir amb la nostra travessia cap a canaletes. Quan finalment vam arribar al centre de la ciutat, a Pelayo la bogeria ja estava a tot arreu. Tothom saltava i ballava, hi havia tambors, petards, borratxos i gent per tot arreu. Era una estranya barreja entre la felicitat màxima i el caos absolut. Hi havia gent cantant “Belletti bota de oro! Belleti bota de oro! Bota de oro! Belletti bota de oro…” però alhora hi havia gent pujada al semàfor rebentant-lo. Hi havia gent amb tambors i gent pujada a sobre dels quioscos i les parades de bus de las Rambles. Molta, molta gent; per obrir-te pas entre tota la gent havies de seguir la corrent humana, com si estiguessis al mar. Els “cerveza amigo” venien cerveses a preus desorbitats (semblants als que es cobren per fer una cervesa en una terrasseta a una plaça de gràcia), però ho pagaves més que encantat, ja que el barça havia guanyat la Champions tothom saltava i ho celebrava. Al haver-hi tanta gent, t’acabaves trobant amb algun conegut, algú que havia anat amb tu a l’institut i que feia alguns anys que no veies. Això si, en el moment en el que te’l trobaves en aquell ambient d’èxtasi, t’abraçaves a ell i saltàveu junts durant uns instants, en aquell instant era el teu amic de l’anima. Arribats a aquest punt de bojeria global, un colega i jo inclús vam aconseguir que la gent del nostra voltant seguissin els càntics que nosaltres imposàvem (basicament “Larsson te queremos, Larsson quedate”) i aquelles prop de trenta persones ens van fer cas i es van afegir a tal eslògan blaugrana (un moment on ens vam sentir molt poderosos).

Quan ja feia una hora d’estar a canaletes la cosa va començar a decaure, era més i més del mateix i va arribar un punt on ja estàvem esgotats. Vam decidir començar a marxar, a més l’alegria ja havia començat a deixar pas al vandalisme. I és un món en el que és millor no estar-hi present. Vam començar a pujar per Rambla Catalunya, mentre ho fèiem alguns furgons policials van començar a anar cap a Canaletes. Alguns afeccionats (o no) havien aprofitat la celebració per destrossar la reixa protectora d’una tenda de texans i s’estaven enduent tot el que podien. Això va provocar que de la celebració es passes al caos, alguns massa beguts van posar els contenidors enmig del carrer per evitar que passessin els furgons policials i la celebració va passar a ser més aviat una rebel·lió policial. Nosaltres ens allunyàvem d’allà el més ràpid que permetien els nostres peus, una mica més abaix veiem policies que ja havien baixat dels furgons i que tenien canons amb boles de goma, anaven cap a la batalla de canaletes. Per desgràcia nostra, un home que estava a prop nostre (probablement un dels que havia posat la barricada) va decidir que allò no havia sigut suficient per molestar i maltractar als policies i va decidir que cridar-li coses dolentes sobre la seva mare a un home amb un canó ple de boles de goma és la millor manera de cridar la seva atenció. I ho va aconseguir. El policia es va girar, va mirar al paio que havia tractat de meuca a la seva mare i sense dubtar-ho un instant va disparar un parell de boles de goma. Nosaltres que estàvem una mica més amunt que l’home dels insults, ens vam trobar en el mateix perill que aquest, ja que havien disparat al bulto. Tot i que no ens van donar, va servir per què corressim uns metres més amunt, camí de la Diagonal. Ja no hi havia perill (probablement mai n’hi va haver), i mentre recuperàvem l’alè a una velocitat vergonyosament lenta vam decidir que era el moment d’anar cap a casa. Des d’aquell dia seguim esperant que el barça torni a guanyar la Champions.      

Nov
12

En Josep s’estava netejant les dents al lavabo, per anar-se’n a dormir com qualsevol altre dia. De sobte va sentir un soroll, com de vidres que es trencaven; la porta del bany es va obrir i va a aparèixer un home, emmascarat amb un enorme ganivet a la mà; li acabaven d’entrar a robar. En Josep es va trobar cara a cara amb el lladre. Ell tenia en una mà un raspall de dents am pasta d’aquella que blanqueja les dents; el malvat tenia un ganivet d’aquells que utilitzen per tallar les parts més contundents de qualsevol animal. No era un duel just. Lògicament en Josep va perdre, el van deixar inconscient (per sort sense a arribar a utilitzar l’arma) i el van lligar mentre s’enduien les coses de valor de casa seva. A tot això la seva dona dormia al pis d’adalt i no es va percatar de res del que va succeir aquella nit. Des de llavors, en Josep va decidir que mai més li tornaria a passar res semblant. A part de posar alarmes i una porta més gruixuda i impenetrable, en Josep va posar ganivets per tota la casa; a cada habitació; sense oblidar-se’n cap. No el tornarien a agafar amb un raspall de dents com a única arma. Hi havia un ganivet al calaix de la tauleta de nit, entre els condons i el best-seller que s’estigués llegint en aquell moment (si, era un d’aquests que només llegeix aquest tipus de llibres). Al lavabo, en l’armari on abans hi havien els medicaments ara hi havia un ganivet de carnisser; a la sala, en l’estanteria dels vinils, dins d’un vinil de Dizzie Guillespie hi havia una petita navalla; a l’estudi tenia un obrecartes, que afilava cada dos per tres; fins i tot a la cuina tenia un calaix ple de ganivets! Si per tot això la cosa ja no semblava estranya i una mica paranoica en Josep sempre portava una navalla suïssa a sobre, per si de cas l’atacaven en el passadís (o necessitava obrir una ampolla de vi) i no era capaç d’arribar a cap de les estàncies de la casa.

En els sis mesos següents, no havien tornat a tenir cap més atac a casa i en Josep es va començar a relaxar. La resta de la família, aprofitava la paranoia del  patriarca en el seu propi bé, ja que qualsevol estància era un bon lloc on pelar una patata o tallar un tros de fuet.

Una nit, en Josep estava a l’habitació, a cinquanta pàgines d’acabar-se el llibre del Zafón quan li va semblar sentir passes al pis d’abaix. Va obrir el calaix de la tauleta de nit i va agafar el ganivet que portava allà alguns mesos esperant un moment com aquell; i que finalment podria ser útil. En Josep va baixar les escales molt lentament, tenia l’empunyadura del ganivet agafada ben fort, tenia previst clavar el ganivet primer i fer preguntes després. Els sorolls es sentien a la sala, i cap allà va anar en Josep, en arribar a la porta va veure com el llum estava obert i es va acostar molt, molt lentament, no volia que el delinqüent pogués saber de la seva presència. Va entrar i va veure que simplement era el seu fill que estava amb una xicota que s’havia portat a casa el jove per impressionar-la i seduir-la. En Josep va respirar tranquil i se’n va entornar cap amunt ben relaxat i tranquil; orgullós per que el seu fill s’havia portat una xicota molt guapa cap a casa, això sí, encara amb el ganivet a la mà.

Al arribar a la seva habitació es va adonar que el seu best-seller estava pel terra i la seva dona no estava al llit dormint, com ell l’havia deixat. Va mirar al lavabo i va veure un home que estava lligant a la seva dona amb una corda. La seva estimada estava al terra inconscient, però no semblava mal ferida ni res. El lladre no s’havia percatat de la presència de’n Josep, així que aquest comptava amb l’efecte sorpresa, a més de tenir per un cop un ganivet com a arma, en comptes del raspall de l’anterior visita d’un lladre. En Josep va agafar “carrerilla” i va anar corrent contra l’agressor amb el ganivet apuntant cap abaix (rollo psicosis) per poder fer el màxim mal possible. En Josep no es va adonar del fet que mentre corria cap al lavabo (tot emocionat i agressiu) va començar a cridar ben fort, avisant del seu atac al lladre. Aquest es va girar i va veure com un home d’uns cinquanta tres anys i amb bigoti s’acostava cap a ell amb un ganivet apuntant cap a la seva jugular i per evitar que res li passés, va treure la seva pistola i li va disparar dos trets. En Josep va caure fulminat, ganivet en mà, al terra.

Es va despertar a l’hospital rodejat per tota la seva família. El primer que va dir en recobrar els sentits, va ser que comprarien pistoles per totes les habitacions de la casa, que això no tornaria a passar. Per sort per a ell, la seva família va pensar que allò que deia era produït pels deliris i la morfina i no li va fer el menor cas.

Quan van tornar a casa van decidir que no necessitaven una casa tan gran on els lladres sempre tenien ganes d’entrar i es van anar a viure a un enorme pis enmig de la ciutat. Tenien seguretat, un porter abaix i ganivets només a la cuina. En Josep va entendre finalment, que a vegades no es pot estar preparat per certes coses, bones o dolentes, ja que la vida sempre t’acaba sorprenent.  

 

Oct
15

En Jerome sempre havia volgut tenir una caixa forta, ho havia vist en centenars de pel·lícules, sempre amagades a radere quadres, en luxoses cases. I ell també en volia una, així que quan es va emancipar dels seus pares el primer que va fer, un cop va trobar pis, va ser fer-se amb una petita però eficient caixa forta (rollo les que tenen alguns hotels a les habitacions). En Jerome no tenia res de valor que posar-hi, però tot i així la va tapar amb el seu pòster amb la portada del disc de la Velvet Underground (el del plàtan). Així que de tant en tant obria la caixa amb la seva combinació, dos a l’esquerra, deu a la dreta i vuitanta-cinc a l’esquerra.

La caixa forta va estar buida fins que va arribar l’estiu. En Jerome va descobrir que a l’interior de la caixa feia molta fresca, així que la va començar a utilitzar per guardar-hi el gaspatxo. A dins de la caixa forta, el gaspatxo es mantenia a la temperatura adequada en que li agradava a en Jerome. Aquell estiu va ser molt calorós, així que durant l’agost en Jerome també guardava a la caixa els seus calçotets, ja que així quan se’ls posava estaven ben fresquets.

La vida de’n Jerome va anar millorant, va anar pujant a la feina fins arribar a un càrrec on ja provocava enveges; a més a més, va trobar una noia preciosa que l’estimava i l’entenia (tot i que no tenia ni idea de l’existència de la caixa forta). Va arribar un punt on es va trobar en una horrible tessitura que mai no s’havia imaginat, començava a tenir diners, joies i altres coses de valor, i no sabia si guardar-les a la caixa forta (com faria qualsevol persona normal amb una caixa forta a casa seva) o bé deixar dins la caixa el gaspatxo i la roba interior i buscar una nova localització on deixar els objectes de valor. Per ell era una decisió més dificil del que sembla, ja que portava tres anys deixant-hi allà les coses per que es refredessin. Evidentment tenia la nevera, però no era el mateix. Després d’un parell de dies de meditació i d’escriure en un bloc de notes d’aquells amb fulls grocs i ratlles una llista de pros i contras; en Jerome va decidir deixar-ho tot com fins ara, ja que canviar-ho ara podia ser un enorme error. Així que va guardar els objectes de valor dins dels coixins dels sofàs, entre totes les plomes. En Jerome no sabia si era una bona decisió, però era la que ell havia pres. Un dia en Jerome va tornar a casa i se la va trobar tota regirada, calaixos oberts, roba tirada pel terra, hi havien entrat uns lladres. El pòster de la Velvet havia estat arrancat i la caixa estava oberta, quedaven els calçotets, però s’havien emportat les dues empolles de gaspatxo que en Jerome havia comprat el dia anterior (maleïts!). Això va entristir en Jerome, però es va adonar que el sofà no l’havien tocat. Així que tots els seus bens més preuats a nivell monetari i material s’havien salvat dels malvats lladres gràcies a l’excentricitat de’n Jerome i voler sempre el gaspatxo i els calçotets a quatre graus centígrads, ni més ni menys, que era la temperatura que aportava la caixa forta als productes que es trobaven en el seu interior.

Sep
29

El bar de’n Joan només obria de sis i mitja del matí a una del migdia. Quan li preguntaves al Joan perquè aquest estrany horari ell simplement deia: “Fem esmorzars”. Si li preguntaves si el negoci era rentable amb aquest horari ell et deia: “Fem esmorzars” i si li preguntaves per què no obria més hores, et mirava com si estiguessis boig, amb una mica de menyspreu i et preguntava “Vols esmorzar alguna cosa o no?”.

Amb un horari tan curiós i poc comú, els personatges que poblaven el seu bar de bon matí, acostumaven a ser peculiars. N’hi havia de dos tipus; els que s’acaben de llevar i estaven encara adormits i ben fotuts; o els que encara no s’havien anat a dormir i no tenien cap intenció de fer-ho en breu. Tots dos grups es demanaven exactament el mateix, una cervesa ben freda. Els primers, se’ls distingia per que anaven en petits grups de dos o tres o a vegades sols, no parlaven i es bevien el primer glop amb moltes ansies, agafant l’ampolla pel coll . En canvi els que encara no s’havien anat a dormir, estaven en grups de cinc o sis, no callaven i reien per qualsevol cosa.

Al Joan li feien molta gràcia els grups de nois joves que arribaven a fer “la última” al seu bar, de tant en tant, si no hi havia feina s’asseia amb ells a fer-lis unes bromes.

No tothom coneixia el bar del Joan, però un cop ja hi havien anat (i més en aquelles hores intempestives), sempre hi tornaven. Com deia un col·lega meu: “Anem al bar del Joan; cervesa freda i croissants calents; que més es pot demanar”. I tenia raó.

Ago
01

 

En Pep havia anat a l’Apolo a passar-s’ho be amb els amics, i tot i que no ho esperava va aconseguir triomfar amb una noia molt bonica. Mentre ell li anava donant petons pel coll ella li va comentar que per que no marxaven a un lloc més tranquil e íntim. Al Pep li va semblar una molt bona idea, la podia portar a casa seva, però en tal cas al matí hauria d’inventar alguna excusa per que ella no estigués molta estona per casa, el que crearia una situació una mica incòmode. Sempre hi havia la opció B, bastant millor, on anaven a casa d’ella i així al matí podia utilitzar pretextos molt més senzills per marxar d’allà. Mentre s’estaven a fora magrejant-se el Pep li va preguntar a la noia on volia anar i ella va comentar que estava sola a casa; perfecte. Van agafar un taxi i la noia va donar la direcció, el taxista la va posar al GPS. Ara només quedava arribar a casa i ja que no conduïa cap dels dos, el Pep i la noia en qüestió, van aprofitar el trajecte per anar escalfant les coses, això si, sempre per sobre de la roba; ja que hi havia el taxista i tampoc era plan. Entre petó i petó, magreig i magreig a en Pep li va donar la sensació que el camí era bastant llarg i que hi havia més corves brusques de les que ell recordava a Barcelona. Finalment i després de més de vint minuts de camí van arribar a casa de la noia i sort; ja que en Pep s’estava quedant sense trucs. Van pagar al taxi amb un bitllet de 20 euros i no hi va haver canvi. Van sortir i en Pep va donar un petó a la noia a la porta, una porta metàlica bastant gran (“Devem ser a Pedralbes” va pensar en Pep). Hi havia un petit jardí camí de la casa i finalment van entrar a casa, van pujar les escales i van gaudir de tota la seva passió un parell de cops.

 

De bon matí entrava molta llum a l’habitació, i es sentia el piular dels ocellets. En Pep es va despertar i estava sol al llit. Es va vestir i va baixar al pis d’abaix on estava la mossa del dia anterior esmorzant un suc d’aquests que no tenen cap pinta de tenir autèntic suc a dins (fruites del bosc o alguna cosa per l’estil). En Pep es va seure amb ella i va tenir una supèrflua conversa sobre lo bonica que era la casa mentre es menjava una torrada amb oli i sal i preferia no provar el “suc”. Un cop fet això i adonant-se que encara no coneixia o no recordava el nom de la noia amb qui havia estat tota la nit, va decidir que ja era hora de marxar. Va preguntar-li si hi havia algun bus o metro aprop que pogués agafar per anar cap a casa, que tenia coses a fer, a lo que ella va respondre amb un somriure (preciós somriure, per cert) explicant-li que estaven en una d’aquelles cases que estan enmig de la muntanya, per allà Vallvidrera. En Pep va sortir al jardí i es va adonar que en efecte, no hi havia cap altra casa al voltant i que per arribar hi havia un camí de sorra. Ara entenia la quantitat de corves del dia anterior, que els hi costés tants diners el taxi i l’enorme porta de ferro de la entrada. Va tornar a dins i li va preguntar a la seva companya d’aventures com i quan pensava marxar ella. Aquesta li va explicar que havia quedat per dinar a les dues amb unes amigues i que el podia portar en cotxe fins a Peu del Funicular. A en Pep ja li semblava bé, l’únic problema era que tenia dues hores mortes amb una noia de la que ni tan sols sabia el nom. Va intentar crear una mica de conversa i es va assebentar què estudiava la noia en qüestió i alguns del seus gustos cinèfils i literaris i algunes de les seves aficions. En veure que eren força diferents com per seguir parlant-ne i un cop ja havia fallat inclús la carta de “Quina música t’agrada?” en Pep estava una mica ofuscat. Necessitava d’alguna altra sistema per tal que el temps passes més de pressa (tota aquella conversa només havia durat deu minuts, i no podria estar una altra hora i cinquanta minuts parlant del temps i de lo bonica que era la casa);  així que va provar l’últim as a la màniga que li quedava, va intentar seduir-la i fer un polvo de matí (el contrapolvo com ell l’anomenava), per desgràcia seva, la enginyera biòloga (això estudiava ella, i preguntar a aquelles alçades el nom estava totalment fora de lloc) no en tenia cap ganes. “I ara que?” Es va preguntar en Pep, i li va preguntar a la noia si li feia res que es dutxés. No hi havia problema, acabava de guanyar-li la batalla al rellotge. Es va prendre una bona i relaxant dutxa, on es va netejar amb tot de xampús d’eucaliptus i coses per l’estil que tenien pinta de valer una pasta. Si senyor, la biòloga i la seva família s’ho sabien muntar bé.

Finalment va ser hora de marxar i la noia el va portar a l’estació, es van donar els respectius telèfons móbils (ell la va apuntar com a biòloga Vallvidrera) i es van acomiadar amb un “Ja ens veurem”, tot i que tots dos sabien que això últim no era veritat.

Després d’aquest llarg i relativament incòmode episodi en Pep es va plantejar si potser començava a ser hora de deixar d’anar-se’n al llit amb noies de les que no sabia res i amb les que prou feines podia mantenir una conversa, i començar a buscar-se una noia amb qui a mes de follar pogués parlar i riure; potser si, començava a ser hora.

Jun
05

En Josh McGarry era un paio a qui li agradava beure cubates en tassa. S’havia afeccionat a tal cosa durant una festa l’any 2004 a casa de una coneguda a la que va arribar tard. Ja no quedaven gots ni de plàstic ni de vidre; i en Josh no podia estar-se a la festa sobri, mentre tothom portava una taja enorme; aquella nit va ser recordada com la gran taja del 2004; (un nom no gaire pensat per altra banda…). Així que entre veure tragos directament d’una ampolla d’un whisky que havia costat menys de 5 euros i a qui el nom de “garrafón” se li quedava curt (m’atreviria a dir que a la Rüssia central i oriental l’utilitzaven com a dissolvent) o buscar un altre plataforma on beure, en Josh va buscar la segona opció. En Josh va entrar a la cuina en busca d’algun artefacte on poder-se preparar un combinat decent. Després de meditar per uns moment amb utilitzar un colador, i adonar-se de les desavantatges d’aquest alhora de fer de got, va trobar l’element perfecte per escometre el seu còctel; una tassa amb un acudit de’n Garfield.

La veritat és que en aquella copa de ceràmica l’alcohol tenia un millor sabor i el fet que ell agafes el seu got per una nança, el feia molt més interessant que tots aquells pardillos borratxos amb gots llargs i sense nança ni res. El mateix devia pensar la Nancy, que es va deixar seduir per “L’Home de la Tassa”.

Des de aquell maravellòs dia ja fa quatre anys, en Josh només beu alcohol en la seva tassa de’n Garfield (de fet no és seva, però des de aquella festa se la va quedar sense dir-ne res a ningú). Aquesta costum de beure en la tassa, que exercia en Josh, que la majoria de la gent veien com una excentricitat, li creava més problemes a en Josh dels que podia semblar a priori. Per començar havia de portar la tassa sempre a sobre (mai se sap quan un farà un cubata) i això implicava o bé portar la tassa sempre rodejada de paper d’envolicar, d’aquell rollo paper maché a la bossa, i en la majoria de casos haver de portar una bossa; a coses més estranyes, com que es passes per casa seva a buscar la tassa abans de qualsevol festa. Per a ell no hi podien haver festes improvisades ja que sense la tassa no podia beure res més que aigua. No pensava trencar la seva tradició; era un home compromès i entregat a les seves creences com ho havien sigut els cercadors del Sant Grial.

Sempre tenia la tassa, fos on fos, bebès el que bebès, era una tradició i superstició; i ningú contradiu les tradicions i supersticions.

Però fa un parell de setmanes, va passar una tragèdia; enmig d’una festa descomunal i molt, molt boja, la tassa es va trencar. En Josh estava totalment descompost i fet pols, no s’ho acabava de creure, no sabia que fer, ni a qui queixar-es. Es trobava sol i desemparat. Estava molt deprimit i pensava que la seva vida social i sexual havia acabat juntament amb la fi d’aquella tassa del meravellòs Garfield. La fi havia arribat i massa d’hora segons els seus paràmetres. I llavors va succeir la cosa més sorprenent des que Bob Dylan es va passar al cristianisme i després es va tornar a passar al judaisme; tot i no tenir la tassa màgica d’en Garfield, una noia se li va acostar i li va fer unes bromes i finalment en Josh es va adonar que la tassa de’n Garfield tot i ser meravellosa era pura superstició, la va seduir i allà va començar la nova vida de’n Josh McGarry sense supersticions, ni tassa, ni res; i encara continua….

 

 

May
19

 

En Michael Charlton era un noi de bona família que tenia tota la seva vida planificada. Ara mateix es trobava al primer curs de medicina a la universitat de Harvard, on havia estudiat el seu pare, el seu avi i uns quants avantpassats seus. En Michael era un noi molt aplicat, els seus pares des que era ben petit havien creat un pla per a ell, i ell l’estava complint a la perfecció. Havia estudiat a una de les millors guarderies, que l’havia portat a una de les millors escoles privades, que li havia servit per entrar a Harvard amb unes notes brillants. I Un cop acabés a Harvard aniria a fer la residència a la clínica Mayo, on acabaria sent neuro-cirurgià com ho era el seu pare,  el seu avi i uns quants avantpassats seus, que havien seguit aquest mateix camí temps abans. En Michael no volia decebre a la seva família, i es passava el dia estudiant per tal de poder escometre tals plans. Mentre els seus companys sortien, s’emborratxaven, i s’anaven al llit amb noies de grans pits anomenades Peggy Sue; ell s’estava a la biblioteca estudiant els diversos procediments d’una operació de cervell que només s’havia practicat tres cops en la història. Ningú entenia aquella dedicació. En Michael pensava que ara era el moment d’estudiar i que un cop fos doctor ja tindria temps per sortir de festa i conèixer noies maques. La seva filosofia era: “Cap dona es resisteix a un doctor”. Així que cada cop que li presentaven a algú ell aprofitava per destacar que en breu seria doctor. Ho tenia tot molt ben planificat, amb esquemes, calendaris i altres formats d’ajuda i planificació. Ja tenia calculat com al 2012 ja seria intern i com llavors la seva vida social començaria a ser divertida i brillant.

 

Era un divendres a la nit com un altra, i en John es dirigia a la biblioteca a a estudiar mentre els seus companys anaven a la festa de la fraternitat capa-gamma-epsilon. Anava bastant carregat de llibres, canturrejant els elements de la taula periòdica i en creuar un carrer un cotxe el va atropellar. Va morir al instant; ni graduat de Harvard, ni resident de la clínica Mayo, ni doctor, ni res; l’estudiant Michael Charlton havia mort abans de fer res del que tenia planificat.

 

Suposo que a vegades es millor gaudir de la vida al moment i no fer tants plans de futur per que qualsevol imprevist te’ls pot destrossar.

 

 

Abr
29

Allí estaba Raúl, en esa fiesta llena de gente que estaba en primero como él. En casa de uno de sus amigos estudiantes que aprovechaba que sus padres no estaban. Para la mayoría de ellos era su primera fiesta como universitarios. Pero no para él, que había dejado ya varias carreras y era el más mayor de la fiesta con deferencia. Iba con gente que nació cuando él ya tenía 6 años; gente que no recordaba los Juegos Olímpicos de Barcelona por qué por entonces eran demasiado pequeños. Gente que nunca vivió el “boom” de los Transformers, los G.I.JOE’s, ni de las fotocopias de Bola de Drac en el Mercat de Sant Antoni. Gente que no sabe lo que era la Mega Drive, ni quien era  Mazinguer Z. Gente nacida en tiempos más cercanos al año 90 que al año 80. Gente que nunca compró un periódico llamado “l’Observador” que traía las películas de las Tortugas Ninja y que murió poco después de acabar esa promoción.

 

Kowabunga!!

 

Y allí estaba él, con todos esos chavales con los sueños aún por cumplir, empezando su vida real, fuera del colegio y la casa familiar. Él tenía seis años más y por primera vez se planteó que estaba haciendo con su vida y como había utilizado esos 6 años de diferencia para acabar allí. Por primera vez sintió muy viejo.

 

Abr
24

Sempre havia sigut una persona amb problemes d’insomni, des de petit, cosa que va martiritzar als meus pares en els meus primers anys, no sabien que fer amb mi. Un dia de casualitat van descobrir que els sorolls repetitius del rentaplats i la rentadora, juntament amb el seu moviment, em feien dormir com un angelet i des de llavors sempre feien la rentadora a la nit, i també hi rentaven els plats en aquell horari nocturn. A mi em posaven al meu bressol, a prop d’aquells dos electrodomèstics on dormia plàcidament, la suma del so de totes dues màquines es convertia en música celestial, millor que tota la música clàssica i de bressol, almenys des del meu parer. Amb els anys em vaig acostumar a dormir a la meva habitació, tot i que si tenia un malson tornava a la cuina en busca del ritme de la rentadora per què em tranquil·litzés.

Fa un mes va tornar l’insomni, com en aquells anys de biberó soc incapaç de dormir en una habitació. Vaig provar de dormir a la cuina, amb el rentaplats, cosa que va fer al·lucinar als meus companys de pis, però va ser inútil, aquell so ja no era suficient i això sumat a la torticolis va fer que decidís provar noves alternatives. Vaig provar a deixar l’ordinador encès tota la nit, pensant que el so del seu processador seria prou melòdic per agafar el son, però també va fracassar. Inclús em vaig comprar unes cintes de sorolls de fàbriques que tampoc van tenir èxit. Portava ja una setmana sense aconseguir dormir més d‘una hora seguida i començava a ser una persona molt malhumorada i amb unes pintes deplorables. Estava desesperat, no hi havia manera, ni els somnífers ni tots els electrodomèstics de casa aconseguien que dormís. Tenia unes “ojeras” descomunals i sempre anava amb ulleres de sol. A la meva facultat van començar a córrer rumors de que era un vampir o be una persona que sempre estava de festa, la gent em preguntava llocs per sortir un dilluns i clubs que seguissin oberts després de les sis del matí. Jo no sabia que dir-lis mentre pensava com m’ho podria fer per dormir. Un matí arribava tard a la facultat i vaig decidir agafar el metro en comptes de la moto ja que hi havia molt de trànsit. Eren poc més de les nou i sorprenentment vaig aconseguir seure. Vaig recolzar el cap al vidre per un instant i el següent que recordo va ser desperta-me degut al meu propi ronquid. Havien passat dues hores, i va ser meravellós. El moviment del metro m’havia fet dormir de veritat, com feia molt temps que no dormia. Aquell moviment, el so de les portes tancant-se, la música que avisa que les portes es tanquen sonava com trompetes celestials; el “pròxima parada…” per mi era com una nana, havia trobat el lloc perfecte on descansar. Aquell dia no vaig anar a classe, me’l vaig passar tot el dia dins del metro, amb el cap al vidre somiant com feia molt temps que no ho feia.

Vaig començar a anar al metro una hora cada dia, comprava una t-10 cada setmana, per mi aquella targeta era un val per dormir. Semblava que el meu problema per fi es solucionaria; però la meva estratègia tenia certs forats que no havia previst. Un dia hi vaig anar a les vuit del matí, no vaig pensar que era hora punta i aquest va ser el meu error. No em vaig poder seure, el sorprenent és que si que m’estava adormint, però de peu i entre la gent, una senyora es va molestar amb mi per què vaig posar el meu cap recolzant-se al seu ombro, crec que inclús se m’havia caigut una mica de baba; no havia sigut bona idea. Així que anava al metro a dormir a les hores de menys afluència, hores on sempre podia trobar lloc per seure. Em passava el dia amb jet-lag, no dormia a les nits i dormia de dia, el que va provocar que comencés a perdre’m classes. Però jo era feliç, podia descansar unes hores al dia. I llavors per fi va succeir una cosa meravellosa: van decidir obrir el metro els dissabtes durant tota la nit. Finalment podria dormir d’una tacada una nit sencera, cosa que no aconseguia des de feia massa temps. Està bé dormir unes hores al dia, però la opció de dormir de nit bastantes hores va semblar la solució a les meves plegaries. La gent ho aprofitava per sortir de festa, però qui vol sortir de festa quan per fí pot dormir, amb aquell ritme i aquella música celestial. Vaig dormir set hores seguides, va ser magnífic. Els diumenges soc la persona més productiva i entusiasta de tota Barcelona, el que més d’un cop m’ha portat antipaties, la gent quan està resacosa no té ganes de veure algú que sembla sortit d’un musical dels setanta, que es com em trobo jo cada cop que el metro obre tota la nit; aviat hi ha el pont de maig, tres dies sencers on el metro no tanca, està marcada en vermell en el meu calendari, tres dies on dormiré plàcida i feliçment, espero que arribi aviat.

Abr
16

En Josh Baskin va entrar al exercit d’Estats Units per què li pagaven els estudis universitaris, ell esperava que amb sis mesos d’instrucció n’hi hauria prou per poder fer el que realment volia, estudiar literatura anglesa, ja que el seu somni era ser escriptor. Eren temps dificils pels americans, en plena guerra freda on tot militar amb un parell d’idees pròpies corria el risc de ser anomenat comunista i per tant un traïdor. En Josh va ser enviat a Washington, al pentàgon com un operari de base. En aquells temps els americans no nombraven les missions amb noms clau. Així si una missió era endinsar-se a una reunió de taperware per què creien que era una tapadora per una colònia comunista, l’anomenaven lògicament “missió per descobrir si el taperware és una coartada per una reunió comunista”. Aquests nomenaments portaven dos enormes problemes: el primer, que cada cop que s’havia d’anomenar una missió trigaven molta estona i el segon i més important, si hi havia un espia comunista aprop era plenament conscient de quina era la missió i tenia temps de sobre per avisar als seus camarades. El pentàgon no podia entendre com últimament les seves missions sempre fallaven, no se’n feien creus, tot es portava amb el més absolut secretisme i als arxius només i posava els noms de les missions, no de que es tractaven. Dotze dels homes de major rang en l’exèrcit es van reunir en una reunió extraordinària al refugi antiaeri d’un d’ells per trobar una solució a aquells problemes. Després de unes quantes hores de reunió i força alcohol (bevien com cosacs comunistes) van arribar a la conclusió que havien de canviar el nom de les missions per dissimular. El problema és que cap d’ells era gaire bo a trobar noms que quedessin be i no es sobreentenguessin (eren militars, no pas escriptors) així que van fer una recerca per tota la base en busca d’algú que els pogués ajudar. I així es com en Josh es va convertir en el bateja missions de l’exèrcit, tota missió gran o petita passava primer per les seves mans. Era un home que rebia un sou força alt dels contribuents i que ràpidament va ser ascendit a la condició de sargent, tot el que havia de fer era posar noms a les missions. En Josh va decidir que necessitava alguna cosa amb força i glamour i i això no era fàcil de trobar. Ell només resava per que hi hagués una mica de pau i així no hi hagués cap tipus de missió que necessitès ser batejada. Però tots sabem que en època de guerra freda això era inviable. En Josh es passava el dia al seu despatx bevent café mentre buscava noms enginyosos. No era gaire dificil superar els noms anteriors com “missió per descobrir si el taperware…” però no acaba de trobar-ho, era un perfeccionista i es negava a nombrar missions com “buscar vermells” o “vodka rules”. Ell era un escriptor o això havia volgut ser tota la vida així que tenia que trobar alguna cosa millor. Un dia quan ja estava desesperat i necessitaven nom per una missió urgent en Josh va veure un llibre que tenia en una estanteria i que semblava perfecte per la ocasió. Va agafar un llibre de mitologia clàssica i per força temps va tenir la papereta solucionada, anomenava les missions amb noms poderosos com Apollo o Ares i quan era una missió d’infiltració sempre utilitzava noms de deesses (Afrodita, Hera…). Amb el temps va tenir més per la ma el seu ofici i cada cop era més original amb la nomenclatura.

El seu gran moment va arribar quan els informatius de les televisions van aparèixer ja que per fi va començar a tenir un reconeixement major en la seva feina, el títols de les seves missions eren comentats arreu, en totes les emissores. El seu moment de màxim esplendor va arribar a principis dels noranta quan va batejar amb el nom de “tempesta del desert” la primera guerra televisada. La fama finalment li havia arribat. Va ser tal aquest èxit que un productor de Broadway el va contactar per si podia posar títols a les obres que ell produïa, amb tota llibertat.

Des de llavors aquesta va ser la seva feina, on va aconseguir grans èxits, com per exemple Ares i Baco, la història de dos germans orfes a l’alemanya del segle divuit. Suposo que hi ha vells costums que mai es perden.  

Abr
14

En Bob Dandridge era una dandy britànic molt excèntric que es va comprar un submarí groc. Molts multimilionaris tenien jets privats i molts cotxes luxosos però ningun tenia un submarí, és el que va pensar. A més a més el va aconseguir a molt bon preu dels russos, que l’anaven a convertir en ferralla. En Bob li va donar una bona capa de pintura groga que es podia mullar. Inclús tenia una frase preparada per lligar amb les noies “Vols que et porti de viatge a Pepperland, nena?” que sempre funcionava, ja que qui li diria que no a un paio amb un submarí groc. El que en Bob no va preveure van ser petits problemes tècnics degut al fet que un submarí mai havia sigut un element d’oci. La música ressonava molt malament en aquelles parets metàl·liques, la descompressió implicava que les noies amb pits de silicona no el podien acompanyar (això era un número enorme de noies amb les que en Bob es relacionava i que no podria portar en el seu submarí groc), tenir una habitació de Chill Out amb una finestra on veus el mar, queda molt bé sobre el paper, però a l’hora de la veritat pot donar molt fàcilment claustrofòbia i ansietat. En un dels compartiments, en Bob i els seus amics es van fumar un porro, sense pensar en que no hi havia gaire ventilació possible, allà havien fet un bon “submarino”, literalment, i en aquella estança va seguir havent THC durant anys. En Bob feia viatges des de les illes britàniques al continent europeu, tenia tota una tripulació a la seva disposició que feia tot el necessari, des de cuinar, fins a dirigir el submarí. A en Bob li agradava passejar-se per la sala de comandament amb les seves visites i treure el periscopi (més d’un cop havia utilitzat la broma “Vols que t’ensenyi el meu periscopi?” a  algunes d’aquelles noies impressionades pels mitjans de’n Bob). El submarí havia estat creat per la guerra i no per l’amor, i això es reflexava en la diferència en que en Bob utilitzava algunes de les prestacions del naviu. Per exemple,  l’escotilla dels míssils 1 i 2 havien passat de ser el lloc on carregar les armes, a ser el lloc on guardava la roba, ja que allà quedava seca i calenteta; i el radar de vaixells era utilitzat per trobar especies marines en perill d’extinció i el megàfon s’utilitzava per posar música de la Velvet Underground.

En Bob cada cop feia viatges més llargs per alta mar, l’acompanyava tot un sèquit que el seguien en aquests viatges d’esperit hippie on tot tipus de diversions podien passar en aquelles habitacions metàl·liques, es submergien a Portsmouth i sortien a a la superfície a Eivissa uns dies després. L’únic dolent de tot plegat era el haver de menjar massa sovint plats en conserva, sobretot quan sortien de l’habitació anomenada “submarino” després de llargues jornades de fumada i on tots plegats tenien una gana i una curiositat per barrejar aliments totalment sibarites.

Per desgràcia per en Bob Dandrige i les seves companyies, no gaire gent te un submarí privat, i això va provocar que quan estaven a les aigües properes a Corea del Nord, els prenguessin per un submarí espia i els disparessin un projectil. El submarí groc no va poder respondre, ja que en comptes de míssils tenia roba doblegada, així que l’únic que van poder fer va ser intentar esquivar-lo. Ho va aconseguir amb el primer míssil, però no amb el segon que els va tocar de ple. El submarí groc de Bob Dandrige va esclatar al fons marí. Un projecte d’amor i felicitat es va acabar de la pitjor manera possible, eren uns incompresos i van morir com a tal. El submarí groc no va durar gaire però el viatge va ser meravellós.  

Abr
09

 

En Walter Neff era un actor de vint-i-sis anys alcohòlic. El coneixien tots els estudis de Hollywood, i també tots els centres de desintoxicació de Los Angeles, Utah, Arizona i també en uns quants de Mèxic. Per tant la seva addicció no era un secret per ningú. Això, no obstant no li impedia aconseguir papers a pel·lícules i sobretot a series de la televisió, entre altres coses degut als seus contactes. En Walter era amic de joventut d’un parell de guionistes que havien aconseguit èxit amb un parell de series d’enormes audiències i per tant, cada cop que iniciaven un projecte contaven amb en Walter Neff per un paper o altre. L’alcoholitzat actor sempre arribava begut als rodatges, però sorprenentment no fallava cap de les seves línies i tot i portar copes de més la seva puntualitat era exemplar. Mai estava de mal humor i si hi havia algun retard en la producció s’apalancava a qualsevol lloc i feia una bacaina. Ell era un professional. Sempre feia papers estranys que poguessin explicar la seva dicció i moviments errants. Papers d’algú malalt que s’estava sempre al llit, algú que no sabia parlar gaire bé l’anglès o inclús en algun cas d’alcohòlic i borratxo. En Walter era un actor encasellat, però no li feia res, el paper del germà borratxo en un serial sobre una família de quatre germans orfes; el paper del pare borratxo en un serial d’adolescents problemàtics, el paper de borratxo tant en un serial on era l’amic borratxo que moria en un accident per anar begut en una d’aquestes series moralitzants on la gent arribava verge al matrimoni i anaven a centres de desintoxicació si es fumaven un porro; com en un altra paper semblant sobre joves que intenten trobar el seu camí a la vida després de la universitat. Aquest últim va ser un gran èxit de públic i crítica, fins al punt que es va allargar tres anys. El més curiós del cas es que el seu personatge a la serie, l’amic alcohòlic que sempre li sortia tot malament, a la última temporada es reformava, deixava la beguda i aconseguia redreçar la seva vida; mentre que en la vida real en Walter seguia sent un bevedor empedernit. Els guionistes ho sabien i per això van fer que el seu personatge marxés de la ciutat evitant així la sospitosa manera de parlar que seguia tenint en Walter. A ell no li va importar que se li acabés el paper en aquella serie, estava segur que n’aconseguiria un altre, ja se sap, mai està de més un parent llunyà borratxo en qualsevol culebró que mereixi la pena.

Abr
07

Marcus se encontraba ante otra fiesta de fin de año en la que no tenía muchas expectativas puestas, ya que cada año esperaba grandes cosas de esa celebración: mujeres preciosas por doquier, alcohol de una calidad enorme y de cosechas dignas de marqueses y reyes y una música llena de canciones míticas; por desgracia esas fiestas siempre acababan siendo con alcohol de garrafón, música que no le gustaba a nadie y una tía por cada quince tíos. Después de años y años de estas desesperantes fiestas donde siempre pasaba lo mismo; Marcus solo esperaba que llegara la hora del año nuevo, hacer el rutinario brindis de cada año (“brindemos por tener salud, dinero y amor este año”) e irse a dormir pronto a casa para evitar un primer día del año con una primera resaca del año por culpa de una primera noche desastrosa del año. Marcus empezó a pensar sobre la frase del brindis, salud, dinero y amor eso es lo que pedían cada año por año nuevo y en ese orden concreto, primero salud, luego dinero y finalmente en tercera posición el amor. Ese orden no le pareció el más adecuado, ya que desde su modo de ver las cosas y en el momento de su vida en la que el se encontraba, a sus veintinueve años, él no lo veía así.

fin de año 

 

Para empezar el tema del dinero; Marcus había conseguido unos ingresos mucho más que aceptables en los últimos años gracias a su programa radiofónico y a haber invertido en bolsa por valores de naranjas (“todo el mundo quiere hacerse zumo” pensó) y así era, ya que sus acciones habían subido como la espuma por lo que a día de hoy el dinero no era un problema. Por eso, desde su punto de vista,  el dinero era el tercero de la ecuación. Respecto al tema del amor, Marcus había tenido muchas historias con chicas preciosas y muy sexys, chicas como Lucy, Prudence o Sadie pero había llegado a un punto en que empezaba a querer algo más. El hecho de que necesitara dos días para recuperarse de una juerga (versión masculina del reloj biológico de las mujeres) le hacía plantearse que quizá era hora de encontrar una mujer bonita inteligente y divertida con quien pasar la vida,  para él el amor tenía que ser el primero en el brindis, es decir: amor, salud y dinero. Pero desbancar a la salud del primer puesto se le antojaba peligroso, ¿de que le servía encontrar el amor de su vida si al cabo de una semana se moría? Se planteó hasta que punto podía empeorar su salud para conseguir el amor; ¿un dolor de espalda crónico era suficiente para conseguir el amor de su vida? Quizá tenía que ser algo más duro, ya que no se encuentra una mujer maravillosa así como así, ¿perder un dedo del pie, de esos del medio que no sirven para nada sería suficiente? Estuvo meditando un buen rato al respecto y llegó a la conclusión de que la cosa tenía que ser más peliaguda, una cosa dura, algo importante; un solo pulmón y dejar de fumar, esa si parecía una medida equiparable, sería capaz de llegar hasta eso con tal de encontrar al amor de su vida; estaba decidido, este año el brindis sería “amor, salud y dinero”, ese era su brindis y en ese preciso y medido orden.

Quedaban treinta segundos para el año nuevo, y empezó la cuenta atrás (en América no hay el rollo de las uvas, una simple cuenta atrás desde treinta hasta cero sirve para iniciar el año nuevo) 30, 29, 28, 27, 26, este sería su año, 25, 24, 23, 22, 21, 20, todo iría perfecto, 19, 18, 17, 16, 15, nuevo orden en el brindis,14, 13, 12, 11, 10, nuevo orden en su vida, 9, 8, 7, 6, 5, ya se acercaba el nuevo año,  4, 3, 2, 1… ¡Feliz año nuevo! El nuevo año ya había llegado y como todos los años todos los presentes hicieron el brindis “brindemos por tener salud, dinero y amor este año” mientras todos brindaban por ello, Marcus brindaba por tener amor, salud y dinero en ese preciso orden, aunque le costara un pulmón y tener que dejar de fumar. Este será un buen año, pensó sonriente abrazando el futuro que le esperaba.

Abr
03

A un petit poble en la regió de Zlin a la República Txeca s’esperava el 29 de febrer amb candeletes. En aquell poble des de temps immemorials es seguia una tradició en la que cada quatre anys en tan assenyat dia, en aquell  poble en concret, no hi havia llei. Cap llei; podies fer el que volguessis amb qui volguessis i ningú t’ho podia tenir en compte mai més, podies anar-te’n al llit amb qualsevol, estigues casat o no, prendre tot tipus de substancies, saquejar els establiments, tot estava permès excepte l’assassinat. Tots els comerços tancaven, ja que no volien ser saquejats pels que qualsevol altra dia de l’any eren veïns del poble. Per aquell dia concret tota la gent que requeria ser cuidada (infants i ancians) eren enviats a un poblat veí on se’n feien càrrec. A tots els adolescents del poble se’ls enviava de viatge d’estudis a Praga per aquelles dates, ja que fins a la majoria d’edat no estava permès participar en aquella voràgine de bogeria sense llei. Cada quatre anys havien anat perfeccionant el sistema fins a ja tenir-ho tot planificat per tal assenyada data. Per alguns joves aquell era el primer cop que assistien a aquella festa de la que tan havien sentit a parlar, i de les moltes llegendes urbanes que albergava aquella jornada (per sorprenent que fos hi havia moltes més anècdotes reals del que podria semblar), com aquella en que el ara alcalde del poble en Jan Tichá va ficar-se al llit de totes les novies dels seus amics i ningú es va poder molestar per què havia sigut durant  un 29 de febrer; o aquella en que la Natasha Brisnokôva es va passar tot el dia en el sostre de l’ajuntament totalment despullada tocant amb la seva guitarra elèctrica cançons de Heavy a un volum perillós per tot ésser viu. Un del molts adolescents era en Pavel Rejbl, que es trobava davant de la seva primera diada del 29 de febrer, una data que feia temps que esperava, ja que tenia previst parlar amb una noia que feia molt temps que el portava boig, la Natalia Nemcova. Esperava aquella data en concret per intentar seduir a la noia dels seus somnis. Si ella deia que no, ell podia evitar la incomoditat dient: “No em facis cas, és 29 de febrer, ja saps” i així evitar la humiliació. En Pavel ho tenia tot planificat, passar-se el dia bevent com faria tothom i cap a les 8 de la tarda quedaria amb ella al casal i la intentaria meravellar amb un discurs preciós ple de frases precioses que ja tenia preparat i que no podia fallar. Per fi havia arribat el gran dia, En Pavel havia quedat ben d’hora, a l’alba, amb els seus amics, era la seva primera vegada en el 29 i la volien aprofitar “por todo lo alto”, de fet, no hi havia cap dia en tot l’any que s’haguessin llevat tan d’hora. Al poble tot transcorria com sempre, alguns ficant-se al llit am gent que no era la seva parella habitual, gent bevent i drogant-se per tot arreu, gent amb els calçotets per fora dels pantalons i inclús gent creuant en vermell, la gent s’estava tornant boja. En Pavel havia quedar amb la Natalia al casal on hi havia tota la gent de la seva edat. Ell hi va arribar amb el suficient whisky/valor en sang per tal de expressar el seu discurs romàntic. Anava begut i arribava tard, i això mai es una bona combinació, així que va decidir accelerar una mica la marxa però els seus reflexes felins estaven perduts des de feia tres cubates i tot el que va aconseguir va ser torçar-se el turmell, el que el va fer anar encara més lent, les coses no anaven bé. Quan per fi va arribar a la porta del cau, es va parar, va respirar profundament i hi va entrar esperant que aquell fós el principi de la seva nova vida, una nova vida que incloïa a la Natalia. Al entrar es va trobar amb l’impensable: la Natalia s’estava enrotllant amb algú altra, en Pavel va sentir una punxada a l’estomac, bé de fet a les entranyes, que per uns instants el va deixar gelat; tanta planificació per no res, tot aquell genial discurs era paper mullat. Després d’uns moments de desconcert en Pavel es va recompondre estoicament i va decidir intentar seguir gaudint de la festa, total, només passava un cop cada quatre anys, així que va agafar una cervesa i es va seure amb els seus amics, mentre a pocs metres la Natalia estava fent una exploració bucal que ni els millors dentistes privats, a un home afortunat de qui en Pavel ni tan sols coneixia el nom. En Pavel va decidir marxar cap a les 11, no havia sigut la gran nit que ell esperava, però havia sigut una nit prou divertida amb els amics. De camí a casa seva es va trobar a la  Victoria, una noia força divertida, tot i que no era la seva estimada Natalia. La Victoria li va comentar  que encara quedava una hora del 29 de febrer i que no se’n podia anar a dormir abans de que acabés aquell dia per molt que portés més de 12 hores d’excesos. En Pavel no ho veia gaire clar, però la Victoria el va convèncer quan li va comentar que el podien acabar a casa seva tots dos sols. En Pavel va decidir que tot i que no era el seu final esperat no estava gens malament i va acceptar. Al final va ser una bona jornada, i aquell dia en Pavel va aprendre que a vegades és millor improvisar i no planificar-ho tot, ja que poques vegades les coses surten com un preveia.  

Mar
22

És 17 de març. Saint Patrick’s Day, toca vestir-se de verd i emborratxar-se fins a perdre el sentit. Avui és dilluns, i qué, és Saint Patrick’s Day. Vestit amb calçotets verds (no han sigut fàcils de trobar), una samarreta verda, un jersei amb ralles verdes i el gorro verd de san Patrici que vaig aconseguir l’any passat, amb un trèvol i amb una barba pèl-roja enganxada, ja estic llest per aquest dia tan divertit.Quedo a un bar amb uns col·legues, comencem a veure cerveses, a Barcelona no es celebra aquesta diada com a Irlanda o als Estats Units, i tot i que estem en un pub no hi gaire ambient. Xarrem, riem, jo porto el barret amb la barba la majoria de l’estona. Ja ens hem acabat la segona pinta, pels irlandesos això no és ni començar a beure… em fumo un cigarret… prenc un altre trago de la meva pinta… ja és la una del matí del dia de Saint Patrick’s. Els meus amics marxen; és dilluns, tenen una parella que els espera; una feina a la que anar demà; una vida que segueix… Jo prefereixo quedar-me al bar, m’acabo un altre cigarret… És Saint Patrick; un no se’n pot anar a casa tant d’hora… demano la tercera pinta; el pub està gairebé buit… La cambrera pèl-roja està netejant la barra, jo soc tot el que queda al bar…m’he acabat el paquet de tabac, el xafo. La cambrera ve i comencem a parlar…. sabies que a Chicago tenyeixen el riu de verd en un dia com avui…. prenc un altre glop… i prenen cerveses verdes i xupitos de gelatina verda ells si que saben el que es fan… la llengua no em va tant ràpid com el cervell sembla que tartamudegi una mica… la noia riu de les meves bromes… ells si que saben montar-s’ho per Saint Patrick, no com nosaltres… miro al voltant, el bar està buit… la noia pèl-roja m’explica que el seu pub es un bar anglès i no un irlandès….vaja…resulta que he anat a celebrar la festa per excel·lència dels irlandesos a l’únic pub no irlandès de Barcelona…. curiós… li agafo un cigarret a la noia… vaig begut… gairebé me l’encenc per la part del filtre… la noia riu…parlo i parlo descontrolat, crec que intenta lligar amb mi…té totes les de guanyar… ara mateix porto més alcohol a sobre que la majoria dels còctels del local…no em trec el barret, mola la barba postissa.  

El riu de Chicago el dia de Sant Patrici

  En efecte la noia em volia seduir…ara em trobo a la seva habitació, totalment despullat excepte pel meu barret verd amb barba postissa pèl-roja i uns mitjons negres amb ralles liles i grogues (no, no he trobat mitjons verds). Me’n vaig al llit amb ella i utilitzo totes les meves armes sexuals secretes. Jo ho anomeno “La Bamba”…. Entre sis i trenta tres minuts després he acabat, he durat de més degut al alcohol; i llavors succeeix l’inimaginable. Ella es posa a aplaudir, la noia pèl-roja de les illes britàniques, que ara que caic desconec el seu nom, m’aplaudeix després dels sexe…força insòlit. S’aixeca i em diu: “No aplaudeixo per que m’hagi agradat, si nó per que per fí s’ha acabat”. La noia britànica afeccionada al MDMA, la cocaïna i les cançons de Jonathan Richman ha dit una frase digne d’estar en tots els llibres de cites juntament amb les de Ghandi, Groucho Marx i Einstein. M’aixeco molest i alhora fascinat (no sense dificultats) i encenc un cigarret, segueixo només vestit amb el meu gorro i els meus mitjons, de sobte em sento un personatge de Bukoski o Amis però en cutre, la barba ni tan sols es realment meva, venia amb el barret. Em vesteixo i marxo. Saint Patrick’s Day una nit curiosa que sempre sorprèn. Ara només queda esperar a la de l’any que ve.   

Mar
16

En Joan s’havia d’anar a canviar el DNI després de quatre anys i estava content que per fí li hagués caducat; no pas pel fet que li agradés la burocràcia o per què tingués una vida molt patètica on petites coses com aquesta eren tot un aconteixement, si nó per què per fí es podria canviar la foto que portava al DNI. La foto que es va fer en Joan quatre anys enrere era una foto on ell portava una samarreta blanca i on el fons també era blanc, així que portava quatre anys sent un coll i un cap enmig de la foto, sense tors. Això havia comportat al Joan algunes bromes que no li havien fet cap gràcia, fins el punt que quan el van atracar dos anys enrere va intentar encoloma’ls-hi el DNI quan se li van endur el movil i els diners; no va funcionar. Així que en Joan es dirigia de bon matí cap al “cuartelillo” de Balmes amb una foto nova on s’havia assegurat que el fons i el seu jersei fòssin ben diferents. Va anar-hi ben d’hora per tal d’evitar una cua infernal de velletes e inmigrants que no tenen clar quins documents necessiten per fer-se el DNI. En Joan va arribar poc abans de que obríssin, era dilluns al matí i feia força sol, no l’importava esperar. Quan per fí van obrir i li va tocar el seu torn en Joan va donar la seva foto nova juntament amb les seves dades al funcionari malhumorat que encara no havia assimilat que ja no era cap de setmana. Aquest li va pendre les empremptes i li va preguntar si les dades del domicili encara eren les mateixes, a lo que en Joan va dir que si amb un enorme somriure i deprés d’aquesta afirmació, va fer una broma; li va dir que els noms dels meus pares també seguien sent els mateixos. El funcionari el va mirar i ni tan sols va fer un somriure fals ni res, de fet la broma no li va sentar gens bé, no entenia com aquell paio podia estar tan content un dilluns a primera hora fent gestions burocràtiques mentre ell encara tenia resaca de tots els White Russians que s’havia begut dissabte, així que va decidir donar-li una lliçó a aquell xicot tan alegre.

 White Russian

Va posar les dades de’n Joan (inclosos els noms dels pares que seguien sent els mateixos) i la seva foto (l’antiga i no la nova, aquella on era un espectre sense cos) i les va insertar en la base de dades de les persones més buscades per la Interpol. I després va somriure i li va dir en Joan que tindiria el seu document d’identitat en un més o així. Es podria dir que degut a la seva al·legria per anar a actualitzar-se la documentació el Joan es va guanyar una vida de persecució. I si algo va apendre el ara anomenat John S. Thompson de Sant Louis, Missouri va ser que no es fan bromes amb els agents de l’estat per qué te la poden fotre.

Feb
12

En Jim Henderson era un jove escriptor de Brighton. Escribia amb el seu ordinador històries amb el sempre divertit i cínic humor anglès. Havia aconseguit inclús que li comprèssin i realitzèssin una série seva per la BBC, anomenada “En Harry i la Sally fan la bogada”, que tractava sobre aquests dos personatges i com sempre es trobaven a la bogaderia on tenien moltes converses algunes interessants i altres no tants (“Avui és dia de bogada de mitjons i a més a més plou; odio els dies de bogada de mitjons” deia avegades en Harry). Una sèrie que aprofitava al màxim la tensió sexual no resolta entre tots dos protagonistes com en les velles sèries dels vuitanta (Luz de Luna i aquestes). El problema que tenia en Jim és que ell no es sentia un escriptor, ell havia crescut llegint a paios com Bukowski o Hemingway, autèntics borratxos barbuts que escrivien amb màquina d’escriure. En Jim en canvi era força sa, no bevia ni fumava i escrivia en un ordinador de última genereació i pèr tot això en Jim no es sentia escriptor. Així que en Jim va decidir comprar-se una màquina d’escriure antiga i començar a beure, a més d’intentar deixar-se barba (intentar és la paraula clau, ja que després d’un més amb prou feines tenia un mustatxo de mariachi mexicà).

La màquina d’escriure de’n Jim

 I amb una mica d’esforç i molt de bourbon va aconseguir ser un escriptor en els termes que ell sempre havia volgut, li passaven anècdotes dignes del mateix “Chinaski” on es llevaba a casa de dones a les que no recordava haver conegut o es dormia al metro durant un parell d’hores mentre aquest feia el recorregut d’una punta a l’altra i es llevaba confós i s’adonava que li havien robat la cartera. Ell reia d’aquests aconteixements i intentava incloure’ls en els seus escrits, encara que no fòssin el més adequat moltes de les vegades. Mica en mica en Jim escrivia cada cop menys i bevia cada cop més. Quan no se li acudia una frase divertida obria una ampolla de Jim o Jack o gin i li fotia un bon trago. Va començar a fer tard a les seves entregues amb els de la BBC, això sense contar que ho havia de mecanografiar tot ja que els de la BBC volien que els hi enviés per mail, aixi que primer ho escrivia en la seva flamant màquina d’escriptor de veritat i després ho passava al seu ordinador per enviar-ho per mail. Semblava que les coses es posarien dures per en Jim Henderson el bevedor fins que va tenir la sort de presentar el guió d’un llarg de bevedors i les seves converses sobre la vida, que va entusiasmar a un agent que el va col·locar (el guió) a una productora. Aquesta el va fer i va tenir prou èxit de crítica i taquilla com per què els americans el comprèssin per fer-ne un remake. Així que en Jim va poder viure de royalties durant força anys mentre seguia tenint les seves aventures alcoholitzades, i les segia escrivint en la seva màquina d’escriure antiga.

Ene
16

En  Joaquim era un purista del cinema, li agradava el bon cinema i també algun del dolent, però per ell el més important era eñ com veure una peli al cine. Tenia un cúmul de petites costums adquirides alhora d’anar al cinema; coses com arribar al cinema un quart d’hora abans, inclús abans dels anuncis; seure sempre que fós possible entre la setena i la desena fila, on tota la pantalla marca el teu límit visual; sempre es quedava fins al final dels crèdits; només comprava crispetes els dies que la pel·lícula ho requeria, però per d’amunt de tot odiava a la gent que feia soroll o es deixava el mòvil obert. I sobretot, sobretot odiava els nens al cinema. Així que es limitava a anar a veure pel·lícules susceptibles de ser per tota la família (de Rataouille a Spiderman 3) els dilluns o dimarts i a ser possible en primera o segona sessió.  En Joaquim estava al cinema veient una pel·lícula amb tocs musicals i estava bastant molest amb algú de tres files endevant que no parava de cantar les cançons que es sabia, com si allò fós un karaoke; en un moment donat en Joaquim es va riure d’una broma de la peli i va sentir a la fila del radere una oia que també reia amb una veu preciosa. La pel·lícula avançava  i en Joaquim va començar a prestar més atenció a la veu del darrere i menys a la pel·lícula. Acostumaven a riure de les mateixes coses, inclús va sentir un parell de comentaris de la noia a una amiga seva que a en Joaquim li van semblar encertadíssims. Així que poc a poc el cinéfil va començar a pensar en altres coses en comptes de la pel·lícula; quina frase dir-li a la noia al acabar la peli per poder quedar amb ella, la primera cita, el primer pató, el primer polvo, el primer més junts, les bromes privades,  l’anar a viure junts, el casament, el primer fill, el primer net i una mort junts; tot acompanyat de una banda sonora (Every Little Thing dels Beatles). No era fàcil imaginar tot això ja que encara no sabia ni tan sols com era la noia i simplement era una imatge difuminada i una veu per a ell. Només quedava esperar al final de la pel·lícula en qüestió per posar en marxa tot aquest pla inimaginable. Per fí el final arriba i com sempre en Joaquim es queda llegint els crèdits. Quan aquests s’acaben ell s’aixeca es gira i la noia ja no hi era, les velles costums de’n Joaquim havien obstaculitzat el seu possible futur. Una llastima, potser la tornaria a veure un dia o altra, tornaria a sentir aquella veu o es tornarien a riure al mateix temps per alguna broma. Almenys la pel·lícula havia estat prou bé.

Ene
15

Érase una vez un joven islandés llamado Hans que tenía un problema; era alérgico al pescado. Pero en un país gélido en medio de la nada y que era uno de los cinco primeros productores de pescado del mundo; eso era un problema. Hans se volvió herbívoro por necesidad más que por placer, hasta que no pudo más y explotó. Veinte años de hierbas sosas en un país helado son demasiados. Así que Hans enmudeció (esto nada tiene que ver con su dieta) y además empezó a comer el dedo gordo del pie derecho a hombres barbudos y zurdos. Hans no podía parar, era un dedoinómano. Consciente de su adicción Hans se lanzó al mar uniéndose así con aquellos que le hicieron perder el juicio, los peces. Hans ahora duerme con los peces, como cualquier chivato del Bronx.

Ene
14

Aquesta és la història de’n Joel Ginsberg un sabater de Nova York de l’època de la llei seca. El lema de la sabateria Ginsberg era: “Si és una sabata a mida; és una sabata Ginsberg”. En Joel Ginsberg a més de ser el millor sabater a l’est del riu Hudson;  feia clandestinament els millors còctels de la ciutat. Això es debia a que destilaba l’alcohol en sabates del 44 i mig d’una sabata de pell de cocodril. Ho havia probat en altres sabates pero el resultat eren coses desesperançadores com l’anestèsia, l’aigua del carme o el foc. De fet el crack del 29 va ser culpa seva i de una barreja feta en una sabata sintetica del 37 i mig. Així que la sabateria Ginsberg era la distribuidora d’alcohol de les festes mes divertides i selectes de la ciutat. Al Capone i Groucho Marx eren clients seus. Tots sabien que les ampolles amb lenganxina de “El remei de la petita però divertida àvia Ginsberg” (l’etiqueta era una àvia fent mitja mentre clicava l’ullet) era el que es necessitava per a una bona festa. Aquest episodi en concret tingue lloc a Nova York a principis dels 30 i d’allà va sorgir un còctel mundialment conegut avui en dia; anomenat Bloody Mary. Per desgràcia per en Joel, mai ningú li va otorgar l’autoria d’aquest còctel per més que se la mereixés ampliament. Joel Ginsberg va arribar a casa de’n Joe “el gran” amb una remesa de 12 ampolles de “El remei de la petita pero divertida àvia Ginsberg”. Hi havia una festa amb molts convidats entre ells, hi havia en Harry “el mut”, l’Edgar “dits de sucre” Smith, la Betty i la Marilyn (no la Monroe, una altra noia amb el mateix nom). Quan en Joel va arribar, la festa ja feia estona que estava en marxa. Va repartir les empolles i va esperar a la barra que en Joe “el gran” tornes amb els diners. En “dits de sucre” Smith es va seure amb ell i van tenir una xerrada sobre lo difÍcil que era ser un gàngster com déu mana en temps tan difícils com aquells; i com el sindicat del crim els presionava tant a ells, com els estudis de Hollywood a les seves estrelles amb els seus dictatorials contractes.En “dits de sucre” va marxar a buscar en Joe que trigava molt i va deixar sol a en Joel que bevia tranquilament de la seva petaca una recepta especial que ell mateix havia creat feia no gaire. En aquell moment la Marilyn se li va acostar i li va fer una pregunta com a expert sabater que era en Joel. Marilyn es va treure una sabata i li va ensenyar al sabater el seu peu nu, mentre li preguntava si li podria fer unes sabates de vidre com les de la ventafocs. Joel li va tocar el peu per examinar-lo i en aquell precís instant va apareixer en Joe. Aquest va trobar l’acció del sabater com un insult personal, ja que tenia un “fetiche” amb els peus de les dones. Així que en Joe va cridar als seus guardaespatlles per que eliminessin a Ginsberg el sabater. Joel atemorit va intentar una negociació però no hi havia res a fer estava sentenciat.Quan tot semblava perdut, Joel li va proposar que si no el mataven els deixaria probar un nèctar dels déus que guardava a la seva sabateria. En Joe “el gran”, gran amant de les dones de peus petits amb les ungles pintades de vermell maduixa i també dels licors exquisits va acceptar el tracte. Tots van anar cap a la sabateria Ginsberg i quan hi van entrar en Joel va agafar unes caixes amb sabates des del 45 en amunt. Aquelles en que hi posava verí, alcohol pur, i foc. Els hi va omplir tres sabates del 32 com si gots es tractés de gots de Martini i també els hi va posar una oliva. El pla de’m Joel era acabar amb aquells homes servint-lis un còctel que no poguéssin aguantar. Però en Joe “el gran” no era tan estúpid com semblava. Volia que en Joel probés primer els còctels. Joel en vista que fés el que fés anava a morir se la va jugar. Va agafar una altra caixa de sabates on hi havia un interrogant i hi va afegir cinc gotes al còctel abans mencionat.  Tot plegat va crear una petita fumareda. Per arreclar-lo una mica estéticament també hi va posar un api que li havia sobrat del dinar i que tenia a la carmenyola. Ho va barrejar tot be i es disposava a beure-s’ho. Aixi que la sabata del 33 amb api, oliva, verí, foc, alcohol pur i interrogant estava a la seva mà esperant per ser probat. Tots estaven expectants.  En Joel suava sense saber que fer; però com era força manasses va tropessar i el got va caure a terra esquitxant als mafiosos. No només els havia enfurismat si no que a més ara els havia tacat els pantalons, i no hi havia res més dificil a Nova York que trobar un bona bugaderia on no només rentessin si no també et planxèssin els pantalons. Els mafiosos apuntaven a Joel amb les seves armes i aquest va demanar el perdó dels italoamericans, desesperat. En Joel balbussejava sense parar degut als nervis i els va comentar que els hi faria sabates a mida per tots, qualsevol tipus de sabata. Davant aquesta última proposta en Joe “el gran” va tenir una idea; va demanar als seus jomes que marxéssin i es va quedar amb en Joel i la Marilyn i també una pistola del calibre trenta vuit. En Joe li va demanar al sabeter fabrica cóctels que li fes unes sabates de claqué del 42 per a ell i que mentre no parlés de les aficions del mafiós seguiria viu. Per celebrar-ho en Joel va crear un cóctel en un principi anomenat Bloody Joe, però al consultar-li aquest va trobar que una beguda amb el seu nom el feia menys aterrador, així que ho van canviar per Bloody Marilyn. Per temes de marqueting es va decidir que el Bloody Marilyn passes a dirse Bloody MaryAquest cóctel es va començar a subministrarla a totes les festes de’n Joe “el gran”. El sabater Ginsberg va continuar venent ampolles del remei de la petita pero divertida avia Ginsberg fins que lany 35 un incendi provocat per una pipa va provocar un gran incendi a la sabateria Ginsberg i va acabar amb l’Joel aixi com amb tot l’alcohol de contraband de la familia Ginsberg.

Ene
14

El bar Verde era un bar pequeño con solo un par de mesas y en el que todo el mundo se sentaba en la barra. En el Verde siempre había un hombre mayor de poco pelo en la cabeza y una barba blanca bastante larga, Paco se llamaba, aunque a veces en el bar lo llamaban despreciativamente Papa Noel. Parecía que Paco vivía en el bar; se pasaba el día allí, desde las cuatro de la tarde cuando abrían hasta las doce o así que era cuando cerraban. Paco estaba allí siempre excepto los últimos días de mes, cuando desaparecía ya que no le quedaba dinero. Paco siempre llevaba un palillo en la boca que no se quitaba ni al hablar, lo que provocaba que muchas veces no se entendiera nada de lo que decía. A veces incluso se olvidaba de quitarse el palillo antes de beber y el palillo acababa bañado de ginebra, whisky o lo que Paco estuviese tomando en ese momento. Paco era conocido por los asiduos, hasta el punto que si un día no tenías dinero y hablabas un rato con Paco podías conseguir fácilmente que te invitara. Ponlo en mi cuenta le decía al camarero. El propietario del bar le dejaba campar a sus anchas ya que Paco se dejaba toda la pensión en su bar y no le molestaban sus locuras, ya que era el camarero el que tenía que aguantar al Papa Noel. Hace unas semanas Paco dejó de ir por el bar Verde y en el bar se preguntan que ha sido de él, por qué aunque era bastante pesado, ya se habían acostumbrado a tenerlo allí, era parte de su rutina.

Ene
11

En Miquel anava sempre al mateix bar, fins al moment en que els del bar ja sabien que bevia o menjava, “el de sempre?” li deien. Aquella frase que a molta gent la fa contenta i la fa sentir-se com a casa, era la senténcia de mort per a en Miquel. A partir de llavors es sentia cohïbit en aquell lloc; i si un dia volia un entrepà “bacon-queso” en comptes del de pernil dolç que prenia cada dia es preguntava en miquel estressat, així que a partir d’aquell moment es limitava a no tornar a aquells llocs on  ja el coneixen.  Abans de no tornar-hi per sempre, feia una temptativa d’anar al mateix lloc a hores diferents(a sopar en comptes de a dinar, per exemple), o amb altra gent, aviam si això despistava a la gent del bar i al seu fatidic “lo de sempre?”.  Pocs aquestes estratègies dissuassories funcionaven i no tenia més remei que acabar desapareixent d’aquell bar en qüestió, sent un borrós record en tota la gent del bar. Al cap de dos anys de viure al mateix barri; a en Miquel ja no li quedaven ni bars ni restraurants on anar en que en un moment o altre no el coneguéssin i sapiguéssin quin era el seu plat preferit. Així que no va tenir més remei que mudar-se a una altra banda; i així ho ha anat fent cada dos anys més o menys desde llavors, sent un autentic nómada. Qui sap; potser els nómades de la prehistòria també van començar així, farts de que a les coves la gent s’aprengués com els hi agradava el peix.

Ene
10

Putetes va exclamar en Jeff mentre agafava un altre cigarret del paquet. Putetes li va respondre en Lenny mentre mirava pel retrovisor tot concentrat. Els dos esperaven l’arribada d’en Jerome Mickaelson un malparit que havia pelat a la familia Konigsberg sense miraments. Tots dos l’esperaven en el seu cotxe, vestits d’incògnit; en Jeff vestit amb una gorra dels Lakers i una samarreta de saldo amb el logotip d’una empresa de telefonia movil de baix cost; en Lenny amb una camisa que li havia regalat la mare de la seva nòvia, un d’aquells regals que et fan quan no saben que regalar-te. En Jerome va arribar a peu al seu apartament mascant xiclet era un dia com un altra per a ell. En Lenny va avisar a en Jeff i tots dos es van posar a esperar la millor ocasió per agafar-lo. En Jeff va sortir del cotxe quan encara no era el moment adequat  va sobresaltar a en Jerome i aquest va començar a corre. En Jeff el va començar a perseguir escales amunt cao a dins de l’edifici mentre cridava quiet fill de puta, estàs detingut. En Lenny que no s’esperava la reacció del seu company va demanar reforços a la central i va decidir entrar per la porta de darrere de l’edifici per atrapar-lo. En Jerome corria per  l’edifici i es notava que sabia per on es movia, en Jeff en canvi cada cop s’estava quedant més i més enrere per culpa primer de un veí que s’havia posat en mig del camí i després d’això el seu pobre forma física a base de 10 abdominals diàries seguides de uns linguini recepta secreta de la Vanessa la seva nova amant no eren suficient per mantenir la forma i poder perseguir a en Jerome. En Lenny havia arribat al seté pis per l’ascensor tranquilament es va obrir la porta i en Lenny va mirar a tots els cantons, no hi eren, va mirar per les escales i va descobrir que algú estava pujant des de el pis d’abaix, va suposar que era en Jerome i va empunyar la seva arma preparat per detenir-lo. En Jerome no ho sabia, però estava entre tots dos detectius i semblava que no tindria escapatoria. En Lenny esperava, les passes cada cop estaven més a prop, en Lenny ja tenia el dit al gallet. En Jerome ja enfilava el seté pis, confiat per què el poli (en Jeff) cada cop estava més i més lluny.  En Jerome va arribar al seté pis i es va trobar per sorpresa a en Lenny que li va demanar que es detingués, en Jerome semblava que li feia cas i va aixecar les mans però abans de que en Lenny pogués reaccionar en Jerome se li va llençar a sobre seu i tots dos van començar a forçejar. En Jeff ja estava a punt d’arribar al seté pis quan va sentir un tret. Va pujar corrent els últims esglaons i va trobar al seu company sagnant i en Jerome ja no hi era. Semblava que en Lenny es salvaria. No havia sigut un bon dia per ningú.  

Ene
10

Lo hipnotizaron para que no tuviera preocupaciones, lo habían transformado en un hombre relajado, tranquilo, feliz. Nada le afectaba y todo le parecía bien; no había dificultades. Él era feliz, pero los de su alrededor no lo entendían, les molestaba lo poco que le preocupaba todo. Empezó a perder amigos; ya que estos pese a alegrarse por su felicidad no compartían su despreocupación. Pero él no entendía por que sus compañeros ya no estaban con el; él no podía preocuparse, no estaba en su nueva naturaleza, notaba que algo no iba bien pero no podía dejar de ser feliz. Su felicidad les estaba destrozando la vida a sus amigos. Uno no puede ser feliz y despreocupado en una sociedad hecha por y para la preocupación. Se sentía como un monstruo y pidió al hipnotizador que lo deshipnotizara y así finalmente volvió a tener las preocupaciones de todo ser humano en una sociedad capitalista. Por fin lleno de preocupaciones empezaba a ser feliz.

Ene
09

La ejecución de Sir Walter Canterbury Essex estaba en todas las portadas de los periódicos de Mississippi. Solo faltaban 24 horas para la electrocutación del joven aristócrata americano, descendiente directo de una de las mejores familias inglesas que llegó a América antes de que Estados Unidos fuera la gran potencia que es actualmente. Se había acusado a Sir Walter de quemar todos sus campos y asesinar a todos los familiares que estaban por encima suyo en el orden para la herencia de los Canterbury. Parecía uno de esos asesinatos del Cluedo, excepto que esta vez, por desgracia para Sir Walter, el asesino no había sido el mayordomo en la biblioteca; todo parecía indicar que Sir Walter había sido el culpable de todo. El aristócrata ya había intentado tres apelaciones con los mejores abogados que se había podido traer de Boston y Nueva York, todas ellas habían fracasado y ahora se encontraba ante sus últimas veinticuatro horas en el corredor de la muerte. Sir Walter no había perdido el humor, sabía que él no era culpable y ya había aceptado que no saldría de allí con vida, así que se tomó todo aquello con filosofía y se dedicaba a hacer bromas del estilo que si lo hubiera sabido jamás habría votado a los republicanos. Empezaron los procedimientos previos: le raparon la cabeza, algo que no gustó nada a Sir Walter, algunos presos confesaron oír tantos gritos mientras lo rapaban que pensaron que ya lo estaban ejecutando; y solo le quedaba la última cena. Cuando uno de los alguaciles fue a preguntarle que quería, se quedó anonadado de las peticiones de Sir Walter: éste pidió caviar iraní, “steak tartar” de carne de avestruz, fresas silvestres de los campos de Zamora (Michoacán en Méjico), foie de pato con tostaditas,  mousse de buey de mar (primera noticia de que existe un animal llamado buey de mar),  Sorbete templado de trufa blanca, sesos de tapir con erizo y algas, un tigretón y un pantera rosa. Lo cierto es que en Mississippi no estaban preparados para tales demandas y no tuvieron más remedio que aplazar la ejecución hasta poder satisfacer la última cena de Sir Walter. En el tiempo en que tardaron en encontrar y servirle esos manjares (unos seis meses, tres de ellos destinados a encontrar el buey de mar) se demostró la inocencia de Sir Walter, quedando éste libre de toda condena; ya que el culpable de la “Masacre de Essex” (así lo habían llamado los periódicos locales) resultó ser el mayordomo, harto de que Sir Walter siempre le despertara a las tres de la mañana pidiéndole un vaso de leche con galletas.

Al menos gracias a todo ello el mayordomo iba a tener una excelente última cena (buey de mar incluido). O eso pensaba él, ya que resulta que los alguaciles se pegaron un festín el día en que liberaron a Sir Walter. Si ya lo dicen que la venganza es un plato que se sirve frío; y en este caso sin buey de mar.

Ene
06

Jimbo se despertó a las siete de la tarde del día de reyes. Estaba contento por qué como paje que era de Baltasar, había hecho bien su trabajo la noche anterior: lo habían entregado todo antes que ningún niño se despertara. Por otro lado Jimbo tenía una terrible resaca. Eso debía al hecho de que él era el encargado de tomarse todo lo que los niños dejaban para los reyes magos. Los reyes querían guardar la línea, pero no querían decepcionar a los niños, así que los pajes eran los encargados de comerse todo aquello. Ya estaba acostumbrado a las galletas y la leche y hasta había tomado un par de antiácidos antes de empezar la ronda nocturna. Pero con lo que no contaba era con el chupito de licor que algunos niños habían dejado y que también eran labor de Jimbo.

Jimbo se levantó de la cama y se fue directo a la cocina donde se tomó un par de aspirinas. En su pequeño apartamento de Luton no había espacio para demasiadas cosas, había incienso y mirra, pero por desgracia no había nada de oro (de hecho esa era una de las causas de su pequeño apartamento). Jimbo se preparó un bol de Kellogs con un poco de leche mientras pensaba que trabajo haría durante los próximos 365 días, hasta la noche del cinco de enero del año siguiente; ya había trabajado en hostelería, como paleta e incluso como rapero. Éste año sería joyero; Jimbo el joyero, sonaba bien. Iba a ser un buen año.  

Ene
05

Percival James vivía en Omaha, Nebraska, en una pequeña casita residencial. Percy era soltero, y fumaba en pipa después de cada comida, bueno de hecho lo intentaba ya que siempre acababa tosiendo y tardaba mucho en conseguir que el humo de la pipa fuera consistente. Percy decía que fumaba en pipa para tener clase, por que si algo se necesitaba en Omaha a parte de una chimenea para evitar el frío, era clase. Percy era un hombre con unos enormes dotes para los negocios, controlaba la bolsa como nadie; downjones, ibex 35… todo era fácil para él; era un visionario. Solo tenía una peculiaridad al respecto, solo era capaz de tomar sus decisiones financieras mientras se duchaba. Era su lugar de meditación, su oasis en el desierto y era incapaz de comprar ningún valor si antes no había podido consultarlo con la ducha. Sus dotes bursátiles no pasaron desapercibidas por una de las grandes empresas de brokers de Nueva York. Lo ficharon y en menos de un año ascendió hasta ser uno de los vicepresidentes de la compañía. Consiguió esconder su secreto “duchil” a todo el mundo hasta entonces. Seguía intentando fumar en pipa mientras hablaba sobre la subida de los pistachos y lo necesario que era comprar níquel de cara al invierno. En ese instante, las reuniones con Tokio, Londres o California, o con los tres a la vez eran diarias y llegó un punto en que se encontró entre la espada y la pared o en su caso más bien entre la ducha y las cortinas. No tuvo más remedio que confesarle a su jefe su problema. Éste al oír su historia no pudo más que echarse a reír.  Llamó al fontanero de la empresa y pidió que se le instalara una ducha en el servicio que tenía Percy en su despacho. Y así se acabó el problema; y es que cuando haces ganar millones a una empresa poco le importa si eres ludópata, te vistes de mujer los domingos impares, mataste a un hombre en Reno solo para verlo morir o en este caso necesites una ducha para aclarar tus ideas.

Ene
04

La Núria i en Joan es van llevar força resacosos. La nit anterior havia sigut el seu segon aniversari i havien decidit celebrar-ho a casa, amb una ampolla de Jack Daniels. La Núria bevia força per ser una dóna tan menuda, m’atreviria a dir que bevia com un home, inclús com un home dur; bevia més que en Joan, això per descomptat. La nit anterior no havien tingut sexe, en part per què després de l’ampolla de Jack en Joan molt probablement no hagués donat la talla, en part per què després de dos anys junts el sexe era el de menys. En Joan es va llevar i va anar a buscar Coca Cola i suc de taronja al badulaque, ja que ho considerava el millor remei contra la resaca. La Núria mentrestant va obrir l’ordinador per mirar la cartellera dels cinemes. Tots dos havien acordat feia temps que el millor per passar la resaca era un dia al cinema, ja que allà s’estava a les fosques, tenies Coca Cola de litre, hi havia aire acondicionat i a més et distreien, era la combinació perfecte per sobreviure a una resaca de Jack. Aquell dia en concret anirien a veure The Darjeeling Limited.

Ene
03

“Las gaviotas vuelan bajo”; esa era la contraseña que usaban en el servicio secreto bielorruso para entrar en el cuartel general. El problema era que en Minsk las gaviotas realmente siempre volaban bajo, así que más de una vez algún campesino había abierto las puertas BR3, llegando incluso a la sauna privada del general Kuleshov. Así que las mentes más dotadas de Bielorrusia se reunieron en un punto secreto (la plaza del pueblo) para decidir una nueva contraseña que fuera difícil descifrar. Estuvieron reunidos durante más de quince horas. Al salir lo primero que dijeron es “¿Donde está el baño?”. El general en representación de todos explicó cual era la nueva contraseña: “Después de quince horas hemos decidido que la nueva contraseña ya no será las gaviotas vuelan bajo; a partir de ahora será… las gaviotas vuelan alto”. Así se resolvió el problema y desde entonces los bielorrusos duermen tranquilos.